El búmeran de Sea Lion y Malvinas: sancionar a Londres sin lastimarse la mano salvadora de Vaca Muerta

La amenaza a las petroleras de Malvinas roza a Noble, Macquarie y NSAI, proveedores clave de Vaca Muerta. En el mercado ya avisan: "Va a quedar en nada".

Javier Milei y el petróleo de las Islas Malvinas.

Javier Milei y el petróleo de las Islas Malvinas.

Shutterstock (generado por IA)

aHay algo casi conmovedor en ver a un gobierno libertario descubrir, a esta altura del partido, que el mundo del petróleo offshore es chico y que en ese mundo chico todos se conocen. Javier Milei salió en cadena nacional a jurar que Malvinas es una causa sagrada, prometió sanciones ejemplares para quien toque una gota de crudo isleño y, en el afán de sonar contundente, terminó apuntándole a media cadena de proveedores que la propia Argentina necesita para sostener Vaca Muerta, el hijo pródigo de la salvación económica. El librito indica que hay que aislar económicamente a Sea Lion. La realidad indica que Sea Lion y el offshore argentino comparten plomero.

Vamos por partes. El argumento de fondo no es una fantasía nacionalista sin sustento. Un archipiélago de menos de 4.000 habitantes que hoy se autofinancia con lo justo podría, si el proyecto avanza como prevé Navitas (la empresa israelí mayoritaria en Sea Lion y de la que se habla poco), terminar recaudando en su mejor año casi lo mismo que produce toda su economía junta. Eso no es un yacimiento más para el Gran Bretaña -que ya produce diez veces esa cantidad de petróleo por día y le sobran motivos para no perder el sueño por 55.000 barriles-; es la posibilidad de que las Malvinas dejen de depender del cheque de Londres y empiecen a jugar solas. Ese argumento aguanta.

Lo que no aguanta es la ejecución. Porque cuando el Gobierno bajó del discurso a la letra chica -Decreto 868/26 mediante, alcanzando accionistas, directores y proveedores, con inhabilitaciones de 5 a 20 años- se topó con un problema que cualquiera que haya mirado un organigrama de la industria offshore podría haberle anticipado en 15 minutos: el mundo del petróleo en aguas profundas tiene un club de proveedores muy chico, y varios de sus socios más importantes ya están adentro de la Argentina, cobrando en dólares, financiando Vaca Muerta.

El caso más filoso es Noble Corporation. Es la misma compañía que Total Austral contrató para perforar los tres pozos de Fénix frente a Tierra del Fuego -ese gas que hoy calienta unas cuantas casas en el sur y representa cerca del 8% de la producción nacional-, y es, según coincide con precisión quirúrgica un contrato que la propia Noble blanqueó ante la SEC en febrero, la misma plataforma que estaría por perforar los once pozos de la primera etapa de Sea Lion. Once pozos, Sudamérica, fines de 2026, US$ 300.000 diarios: los cuatro datos públicos calzan perfecto con el proyecto que Milei quiere ahogar. Si el Gobierno cumple lo que anunció, tendría que sancionar a la empresa que le da gas a Tierra del Fuego. Ese no es un costado del problema: es el problema.

Una lista que crece más rápido que la épica

Y Noble es apenas el primer nombre. Bluewater Energy Services provee el FPSO que va a procesar el crudo de Sea Lion -sin ese buque no hay proyecto- y es la misma compañía que fabricó las boyas del ducto de VMOS en Río Negro. Macquarie Bank estructuró buena parte del financiamiento de US$1.000 millones que recibió Sea Lion en diciembre pasado, y es uno de los bancos más activos del mundo en petróleo y gas, con presencia de sobra en el negocio argentino. NSAI certificó las reservas del yacimiento malvinense y también trabaja con YPF en Neuquén y Mendoza. Del otro lado del mostrador aparecen Vitol, Trafigura y Glencore, traders que ya construyeron infraestructura propia en Bahía Blanca para comprar el crudo Medanito. La cadena de seguros —Marsh, Aon, WTW— y de servicios —SLB, Halliburton, Baker Hughes, Weatherford— es, otra vez, la misma que sostiene la fractura hidráulica en Añelo. SLB, Halliburton y Baker Hughes ya salieron a decir públicamente que no van a licitar en Malvinas por el decreto. Bien. El resto de la lista, en cambio, es la trama sanguínea de Vaca Muerta, y ahí el Gobierno tiene que elegir entre la épica y el superávit energético.

En el propio mercado nadie apuesta a que las sanciones se apliquen en serio. Un ejecutivo del sector lo resumió sin anestesia: "Va a quedar en nada". Y Rockhopper y Navitas, lejos de acobardarse, respondieron con un comunicado que ninguneó el anuncio presidencial punto por punto: las licencias de los isleños son válidas, dijeron, y las medidas argentinas no van a tener efecto material sobre el proyecto. Se ve que el "vientos de cambio" que prometió Milei sopla más fuerte en el Salón Blanco que en Londres.

El propio mercado, eso sí, no fue tan displicente como el comunicado. A la mañana siguiente de la cadena nacional, las acciones de Rockhopper se hundieron más de 6% en la Bolsa de Londres y las de Navitas cayeron 2,3% en Tel Aviv, la reacción bursátil más dura que sufrió el proyecto desde que arrancó. La contradicción es elocuente: mientras los papeles de las dos petroleras se desplomaban en tiempo real, sus voceros salían a jurar por escrito que no esperaban "un efecto significativo" en el cronograma.

Londres, Trump y la encuesta que nadie quiere leer en Balcarce 50

Del otro lado del Atlántico, la respuesta fue una cachetada con guantes de seda. El ministro de Defensa británico, Wes Streeting, contestó que el compromiso de Londres con las islas es "absoluto e inquebrantable" porque los isleños "eligen ser británicos", y remató con una frase que debería colgarse en algún despacho de la Casa Rosada: la declaración de Milei "nos dice más sobre la política interna de Argentina que sobre las Islas Malvinas". El Wall Street Journal pensó lo mismo, con menos elegancia diplomática y más detalle: describió a Malvinas como "una estrategia bien probada por los líderes argentinos con problemas", citando a un especialista del Diálogo Interamericano que no tuvo que esforzarse mucho para explicar por qué un Presidente con la aprobación cayendo decide redescubrir el patriotismo justo antes de una elección.

Y para no depender solo de columnistas neoyorquinos: una encuesta local de MYF Consultora hecha entre el 4 y el 6 de septiembre encontró que el 61,1% de los argentinos cree que el giro de Milei responde a conveniencia política, contra apenas un 24,7% que le compra la convicción. Casi un tercio del país directamente calificó el discurso como marketing electoral. La imagen presidencial, después del anuncio, empeoró para el 36,5% y mejoró solo para el 17,9%. Ni siquiera el 8,7% conectó espontáneamente el mensaje con el guiño de Trump, que fue, en rigor, el disparador de todo esto: una entrevista en GB News donde el norteamericano dejó picando la posibilidad de que Washington reconsiderara su neutralidad histórica.

Ahí aparece Santiago Caputo, que venía perdiendo metros frente al avance de Karina Milei y encontró en Malvinas la oportunidad de recuperar centralidad discursiva. Suya fue la idea de que la causa "no pertenece a un gobierno ni a un partido", frase que en su boca funciona menos como convicción histórica y más como manual de campaña. Después de la cadena, salió a las redes a celebrar "el mayor apoyo popular en décadas" y a advertir que "el sistema" debía comprender la importancia de acompañar al Presidente sin titubeos. Mientras tanto, la Base Naval Integrada de Ushuaia —presentada como gesto soberano inédito— es un proyecto que arrancó en 2022, bajo Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa. Ni siquiera el hardware es nuevo; lo nuevo es el relato.

Toto Caputo, mientras tanto, mira todo esto con cara de yerno al que le arruinaron el asado: la cadena le complicó el Argentina Week que estaba armando en Londres y puso en duda, otra vez, el destino del oro del Banco Central. En algún lugar de Vaca Muerta, un ejecutivo de SLB debe estar revisando el contrato y preguntándose si el país que necesita sus equipos es el mismo que acaba de declararle la guerra retórica a media city londinense.

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