De Uruguay a Namibia, el offshore del Atlántico Sur: allí donde todo puede cambiar pero aún no pasa nada
Del otro lado del Atlántico Sur, en la costa africana, el descubrimiento de offshore en Namibia pateó el tablero. ¿Es posible que ese espejo geológico incluya un potencial en petróleo y gas similar? Los grandes jugadores mundiales apuestan por las aguas ultraprofundas de Uruguay.
Los siete bloques que conforman el mar territorial de Uruguay, divididos para la exploración de hidrocarburos.
www.gub.uy¿Qué convierte a una frontera exploratoria en una provincia petrolera?
No la sísmica por sí sola.
No las analogías geológicas.
No la entrada de majors.
No el entusiasmo del mercado.
Lo único que cambia todo es un descubrimiento offshore comercial. Perforar, medir y cuantificar.
Justamente eso es lo que todavía no existe en el Atlántico Sur, al sur del Alto de Pelotas en Brasil. Ahí sigue concentrada la tensión de fondo: una región que empezó a moverse en busca de petróleo y gas, a reordenarse, a atraer jugadores grandes, pero que todavía no tiene el dato definitivo. Todo gira alrededor de una posibilidad. No de una certeza.
Sin embargo, hacia fines de marzo de 2026 el ritmo cambió. Y ese cambio apareció con más claridad del lado uruguayo.
La señal más fuerte había aparecido unos meses antes, en noviembre de 2025. YPF cerró con Eni el ingreso de la italiana al bloque OFF-5 de Uruguay. Eni tomó el 50 % y asumió la operación de un área de 17.000 km² en aguas ultraprofundas. El dato es concreto. La pregunta, mucho más incómoda ¿qué está viendo Eni en ese bloque y en ese momento?
Porque el bloque offshore no importa solo por sí mismo. Importa por dónde está. Importa por cómo se conecta. Importa porque forma parte de un mismo corredor que se enlaza con bloques del mar argentino y comparte elementos críticos del sistema petrolero, como su potencial roca madre y los reservorios profundos de origen turbidítico. En otras palabras, el margen empieza a dejar de leerse como una suma de bloques aislados y empieza a ser entendido como un sistema geológico compartido. Y cuando eso ocurre, la pregunta que surge casi automáticamente es “¿qué está pasando en todo el corredor?”.
Sobre esa base apareció otro dato. Uno de esos que no confirman nada, pero alteran la percepción de riesgo: la operadora francesa TotalEnergies manifestó interés preliminar en sumarse a OFF-5 junto a YPF y Eni.
Entonces apareció Namibia en la conversación
A unos 7.000 kilómetros, del otro lado del Atlántico, la compañía de origen francés concretó en Namibia uno de los mayores descubrimientos offshore de los últimos años, sobre un margen que hace más de 150 millones de años estuvo físicamente unido a Sudamérica. Esa antigua continuidad geológica es la que sostiene hoy la hipótesis que frente a nuestras costas podría existir un sistema con condiciones comparables a las que dieron lugar a los hallazgos africanos. No es una prueba definitoria, pero sí una razón científica concreta para que la exploración en el margen del Río de la Plata empiece a ser leída con otra intensidad.
No como equivalencia automática. No como garantía, ni como promesa de repetición mecánica. Apareció como espejo posible. Como referencia útil. Como marco de lectura para una frontera atlántica profunda y subexplorada. Ahí está la analogía que hoy observa el mercado. Y ahí también está su límite: una analogía puede ordenar hipótesis, pero no puede reemplazar la evidencia directa del subsuelo. Puede bajar la incertidumbre conceptual pero nunca va a certificar recursos comercialmente viables.
Entonces, ¿qué vale realmente de esa comparación?
Vale como señal porque cuando una compañía con la experiencia reciente de uno de los descubrimientos offshore más relevantes de los últimos años mira este margen, la percepción de potencial cambia. No porque el hallazgo en este margen ya esté hecho. Sino porque cambia la jerarquía de la apuesta. Cambia quién mira. Cambia cómo se mira. Cambia cuánto capital podría empezar a seguir esa lectura.
Uruguay dejó de comportarse como una frontera inmóvil
Shell opera los bloques OFF-2 y OFF-7. QatarEnergy ingresó en marzo de 2026 con el 30% en ambos. Chevron participa en OFF-7 y opera OFF-1. Sintana Energy conserva el 40% en OFF-1. APA Corporation prevé perforar un pozo en aguas ultraprofundas entre 2026 y 2027. Y a eso se suman distintas campañas de registración de sísmica 3D multicliente durante los próximos meses de 2026. Todo eso, junto, ya no describe una frontera pasiva. Describe una frontera que está siendo activamente testeada. Un laboratorio exploratorio en movimiento. El más activo hoy en el Atlántico Sur.
Pero en proyectos de esta magnitud la acumulación de nombres rutilantes no resuelve las preguntas esenciales.
¿Dónde está el volumen?
¿Existe acumulación efectiva?
¿Hay carga?
¿Hay reservorio?
¿Hay sello?
¿Hay confirmación de fluído?
¿Es comercial?
Porque ese es el umbral brutal de toda frontera de alto riesgo: durante años puede haber datos, campañas, reinterpretaciones, farm-ins, comparaciones y narrativa. Pero llega un punto en que todo eso se vuelve secundario frente a una sola decisión: perforar. Y en aguas ultraprofundas no es un gesto menor. Es una apuesta cara, lenta, técnicamente exigente y muy expuesta al fracaso.
Mientras tanto, del lado argentino, la historia reciente agregó una pieza decisiva al tablero: Argerich-x1.
Fue perforado en 2024 por Equinor junto con YPF y Shell. Fue el primer test en aguas ultraprofundas de la Cuenca Argentina Norte, a 300 km de la costa de Mar del Plata y bajo más de 1.500 metros de agua. El pozo fue declarado seco. Ese es el dato duro. Pero leerlo solo en clave binaria sería perder lo más importante: Argerich-x1 aportó la primera calibración empírica moderna en una provincia hasta entonces prácticamente virgen, redujo algunas incertidumbres y obligó a refinar los modelos geológicos de todo el corredor. No abrió una provincia. Pero sí cambió la manera de pensarla.
Y eso tiene una consecuencia regional.
Porque en un margen donde Argentina y Uruguay comparten continuidad estructural y elementos centrales del sistema petrolero, Argerich-x1 no se agota en el lado argentino. Reordena la lógica prospectiva del conjunto. Empuja la búsqueda y obliga a relocalizar el interés hacia posiciones potencialmente más favorables dentro del margen rioplatense. La pregunta ya no es solamente qué salió mal en un pozo. La pregunta es qué nuevas zonas pasan a verse mejor después de ese pozo.
Por eso lo que hoy se observa en Uruguay no debería leerse como una historia lineal de avance de un país y retroceso del otro. Se parece más a una reconfiguración del riesgo dentro de un mismo sistema geológico compartido.
YPF, además, hoy prioriza la explosión de Vaca Muerta y su consecuente proyecto Argentina LNG. Una estrategia lógica que derivó en la decisión de disminuir sus participaciones en varios bloques offshore, wait and see. En la Cuenca Argentina Norte, CAN-107, operado por Shell con QatarEnergy, completó sísmica 3D pero fue revertido al Estado en marzo de 2026, mientras CAN-109 permanece sin anuncios. A su vez, QatarEnergy reorientó su portafolio y salió de posiciones en Argentina para fortalecer su presencia en Uruguay. No se trata de un cambio de figuritas corporativas. Es un ajuste del mapa general. Un desplazamiento de foco. Un reordenamiento de prioridades a partir de una nueva base de evidencia geológica real.
Pero nada de esto puede entenderse sin perspectiva histórica.
Desde dónde venimos y hacia dónde vamos
Argentina empezó a darle forma a su exploración offshore hacia fines de los años 50, con los primeros relevamientos sísmicos. En 1969 perforó Samar-1 en la Cuenca del Salado, el primer pozo offshore del país. Desde entonces se perforaron más de 120 pozos exploratorios en el offshore argentino, aunque la gran mayoría en aguas someras de la plataforma continental. Fuera de la Cuenca Austral, los resultados fueron subcomerciales. Rastros menores de hidrocarburos sin descubrimientos económicamente viables. La única producción offshore comercial argentina quedó restringida al extremo sur, con los desarrollos gasíferos de Hydra, Carina-Aries y Vega Pléyade, hoy operados por TotalEnergies. Décadas de trabajo y mucha información, pero sin una provincia petrolera costa afuera consolidada fuera del sur gasífero.
Uruguay recorrió un camino todavía más fragmentario. La exploración offshore comenzó formalmente en los años 70 y el país perforó apenas tres pozos en toda su historia: Lobo x-1 y Gaviotín x-1 en 1976, en aguas someras de la Cuenca Punta del Este, y Raya x-1 en 2016, en aguas ultraprofundas de la Cuenca Pelotas. Ninguno fue comercial. Pero incluso así dejaron una huella relevante: evidencia de un sistema petrolero activo, aunque sin acumulaciones cargadas en las estructuras perforadas. Durante más de 50 años, el margen uruguayo permaneció prácticamente intacto. Y ahí aparecen más interrogantes incómodas. ¿Cuánto vale una frontera que casi no fue probada? ¿Es una decepción latente o una oportunidad todavía abierta? Todavía no hay respuestas.
Brasil picó en punta e hizo cambiar todo en los 90
En cambio, hacia el norte existe, un claro y para nada remoto recordatorio de lo que ocurre cuando la respuesta correcta aparece en el lugar correcto: Brasil.
Antes del presal, durante la década de los 90, el margen atlántico brasileño mostraba resultados moderados y dispersos. Tiempo después llegaron los grandes descubrimientos. Lula, en 2006, y Búzios, en 2010. Eso cambió todo, no por una nueva teoría ni por una mejor presentación. Mucho menos por una analogía convincente. Cambió porque apareció lo único que realmente transforma una frontera exploratoria. Si, un descubrimiento comercial. Hoy, 20 años después, el presal representa cerca del 80% de la producción total de Brasil, y Búzios alcanzó en 2025 el umbral del millón de barriles por día, con proyecciones de superar 1,5 millones de barriles por día en 2026. Ese antecedente pesa técnica y psicológicamente sobre toda la región. Demuestra que el salto existe y es posible. Pero también deja expuesto lo que todavía falta de este lado.
Un pozo que confirme, un reservorio que responda y un volumen que cierre
Entonces el interrogante vuelve, una y otra vez, con distintos nombres pero con el mismo núcleo:
¿Está el Atlántico Sur frente a una nueva provincia o frente a una frontera que todavía sigue buscando su primera prueba real?
¿Hasta qué punto las entradas de jugadores importantes son premoniciones de algo más profundo?
¿Y cuánto de todo esto depende, al final, de un único pozo que haga lo que ningún modelo puede hacer por sí solo?
Hoy Uruguay parece ser el frente más dinámico. Argentina sigue dentro del juego, pero con una postura más prudente porque la apuesta de Argerich-x1 no cerró la historia, solo la ordenó. Aportó datos. Ajustó modelos y modificó la lectura del riesgo. Entre 2026 y 2027 se esperan perforaciones clave en Uruguay.
Eso significa que el Atlántico Sur ya no es una hipótesis abstracta. Pero tampoco es todavía una provincia probada.
Está en ese punto intermedio donde se juega todo.
Donde el capital entra, pero no se termina de comprometer.
Donde la geología sugiere, pero no confirma.
Donde una perforación puede abrir una era nueva o devolver a todos, otra vez, al principio.
Y ahí queda planteada la verdadera dimensión de todas las preguntas.
Porque un proyecto de esta magnitud no se enfrenta solamente al desafío técnico de perforar en aguas profundas. Se enfrenta a algo más difícil. Decidir cuándo la evidencia es suficiente como para arriesgar miles de millones detrás de una hipótesis que todavía no tiene validación comercial.
En el Atlántico Sur, por ahora, todo converge en esa incertidumbre y todavía siguen faltando los elementos esenciales: un pozo que confirme, un reservorio que responda y un volumen que cierre.
