Mito o realidad: cuál es el consumo de agua de la minería y qué impacto tiene comparada con otras actividades
Datos oficiales de San Juan y Mendoza muestran cuál es el verdadero uso de un recurso clave y confirman el rol preponderante que tiene la agricultura.
Cuál es el consumo de agua de la minería y qué impacto tiene con respecto a otras actividades.
El debate sobre el uso del agua suele encenderse cada vez que se discute la actividad minera. Eso ocurrió en las últimas semanas en Mendoza, luego de que se aprobara el proyecto para la extracción de cobre en San Jorge.
En provincias áridas, donde el recurso es estratégico, se instaló con fuerza la idea de que la minería compite de manera directa con otros usos esenciales. Sin embargo, cuando se observan los datos oficiales y las estadísticas comparadas, el escenario resulta bastante distinto al que domina en los sectores que se oponen a la actividad.
Tanto en Argentina como en países vecinos con fuerte tradición minera, la agricultura aparece como el principal demandante de agua, muy por encima del sector extractivo.
Los datos oficiales en San Juan
En San Juan, una de las provincias más asociadas a la minería metalífera, el consumo de agua del sector ronda apenas el 1% del total provincial. Los datos del Ministerio de Minería sanjuanino muestran que el uso agrícola concentra más del 90% del recurso, seguido a gran distancia por el consumo hidroenergético y el abastecimiento poblacional.
La información técnica provincial refuerza esa lectura. Un informe publicado por el Ministerio de Obras y Servicio Públicos de la provincia en 2021 señala que, si bien el caudal concesionado a proyectos mineros superaba en ese momento los 1.700 litros por segundo, el volumen efectivamente consumido era muy inferior: alrededor de 117 litros por segundo.
La diferencia se explica por la reutilización del agua en los procesos productivos y por los controles que ejerce la Dirección de Hidráulica mediante caudalímetros, inspecciones periódicas y auditorías ambientales. Incluso en exploración, el uso de agua es acotado y mayormente temporario.
El cuadro de situación en Mendoza
Mendoza muestra un patrón similar. Según datos del Departamento General de Irrigación, publicados en 2019 por el Gobierno provincial, solo el 1% del agua provincial se destina a minería y petróleo, mientras que el 81% queda en manos del sector agrícola.
De ese porcentaje agrícola, aproximadamente la mitad se pierde por sistemas de riego ineficientes, como el riego a manto, lo que pone el foco en un problema estructural más amplio que excede cualquier actividad puntual. El consumo humano representa cerca del 11%, y el uso recreativo y ambiental un 4%.
El detalle por cuencas refuerza esta tendencia: en ríos como el Tunuyán, el Diamante o el Atuel, el riego agrícola llega a concentrar entre el 85% y el 98% del uso total del agua disponible.
La comparación internacional: Chile y otros países mineros
El contraste internacional también aporta contexto. En Chile, uno de los mayores productores mineros del mundo, la minería explica menos del 4% del consumo de agua, según datos oficiales de la Dirección General de Aguas.
El gráfico de distribución sectorial muestra que la agricultura concentra más del 70% del recurso, seguida por el consumo humano y el industrial. Algo similar ocurre en Perú, donde la minería ronda el 2%.
Estos números refuerzan la idea de que, incluso en economías altamente dependientes de la minería, el peso hídrico del sector es reducido en comparación con el agro. La clave vuelve a estar en la recirculación, el uso de tecnologías más eficientes y los marcos regulatorios que priorizan el abastecimiento poblacional.
Cornejo: "Se caen muchos mitos"
Tras las manifestaciones realizadas en Mendoza, el gobernador Alfredo Cornejo planteó que cuando se analizan los números reales “se caen muchos mitos” y queda en evidencia que la agricultura y el uso residencial concentran la mayor parte del consumo. También cuestionó la idea de que el agua no tenga valor económico, recordando que existen actividades lícitas que la comercializan y que son socialmente aceptadas.
También cuestionó a quines afirman que “el agua no se negocia”. “Hay dos grandes empresas, como Eco de Los Andes y Villavicencio que venden nuestro agua y es una actividad lícita que todos vemos bien”, remarcó.
