La siderurgia en tensión: Acindar reduce actividad y crece la incertidumbre laboral
Acindar atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Un solo horno en funcionamiento en Villa Constitución, menos producción de acero y pérdida de empleo.
La industria del acero volvió a encender señales de alerta. Acindar, una de las principales siderúrgicas del país, opera actualmente al 50% de su capacidad en su planta de Villa Constitución, con un solo horno activo y un clima de creciente preocupación entre los trabajadores.
Desde el gremio metalúrgico advierten que la combinación de recesión interna, caída de la construcción, menor demanda del campo y aumento de importaciones está golpeando de lleno al corazón del entramado industrial argentino.
Los números reflejan la magnitud del problema. En apenas dos años, la producción de Acindar pasó de 1,2 millones de toneladas a 643 mil, una contracción cercana al 50%. En paralelo, desde fines de 2023 se perdieron 580 puestos de trabajo, y la dotación actual ronda los 870 empleados, cuando supo superar los 1.200.
Para 2026, la empresa analiza suspender durante cinco meses un sector clave, lo que abrió una fuerte discusión salarial. Los trabajadores reclaman que el ingreso durante las suspensiones no sea inferior al 80% del salario.
Más importaciones de acero y competitividad
Desde la representación sindical señalan que el ingreso de productos importados terminados, especialmente desde Asia, está desplazando a la producción local. El fenómeno no es nuevo, pero se profundizó en un contexto de apertura comercial y tipo de cambio que presiona los márgenes industriales.
La situación de Acindar no es aislada y refleja un problema estructural de la siderurgia argentina, altamente dependiente del nivel de actividad interna y expuesta a la competencia externa. El acero es un insumo crítico para la minería, la energía, la construcción y la infraestructura. La contracción de su producción tiene efectos en cadena sobre proveedores, empleo calificado y capacidad industrial instalada.
Para analistas del sector, el desafío pasa por redefinir un esquema que permita sostener producción local, ganar competitividad y evitar un proceso de desindustrialización difícil de revertir.
