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La inversión minera explotó y ahora el desafío pasa por convertir anuncios en minas

Chile, Perú y Argentina aparecen entre los países más observados para la inversión dentro del mercado global de minerales críticos.

La inversión extranjera directa anunciada en proyectos greenfield de metales y minerales en América Latina creció 288% entre 2022 y 2025, en un escenario marcado por la aceleración de la transición energética, la electrificación y el crecimiento de industrias vinculadas a inteligencia artificial, baterías, centros de datos y semiconductores.

El dato surge de un análisis difundido a partir de un informe del McKinsey Global Institute, que ubica a los minerales críticos dentro de las industrias estratégicas que concentrarán parte de la competencia económica global hacia 2040. En ese escenario, América Latina aparece con una ventaja concreta: su peso en cobre, litio y hierro, minerales considerados clave para sostener el avance tecnológico y energético.

El informe sostiene que los minerales críticos podrían aportar hasta US$115.000 millones adicionales anuales a los ingresos de América Latina hacia 2040. Para alcanzar ese potencial, McKinsey estima que la región necesitaría inversiones acumuladas de hasta US$495.000 millones.

La presión sobre la minería regional crece en paralelo a la expansión de la demanda global de cobre y litio. El análisis remarca que desde 2022 los anuncios globales de inversión extranjera directa en minerales críticos alcanzaron cerca de US$50.000 millones anuales, aproximadamente el doble de los niveles registrados entre 2015 y 2019. Además, señala que la mitad de los anuncios de inversión del segmento metales y minerales ya está directamente vinculada a minerales críticos.

Chile, Perú y Argentina bajo presión

En cobre, Chile continúa como el principal actor regional. Según datos citados del USGS para 2025, el país proyecta una producción de 5,3 millones de toneladas de cobre contenido y reservas por 180 millones de toneladas. Perú aparece detrás con una producción estimada de 2,7 millones de toneladas y reservas por 85 millones de toneladas.

En litio, Chile mantiene una producción estimada de 56.000 toneladas de litio contenido y reservas por 9,2 millones de toneladas. Argentina, por su parte, registra una producción estimada de 23.000 toneladas y reservas por 4,4 millones de toneladas.

Sin embargo, el informe plantea que la disputa minera ya no se define únicamente por la disponibilidad geológica. El foco comienza a desplazarse hacia la capacidad de los países para acelerar permisos, garantizar infraestructura, asegurar energía competitiva, resolver acceso al agua y sostener marcos regulatorios previsibles.

Ese punto empieza a ganar peso en la discusión regional. El documento advierte que la conversión de anuncios de inversión en proyectos efectivamente construidos dependerá de variables operativas y políticas que exceden la existencia de recursos minerales.

La diferencia entre anuncios y proyectos ejecutados

McKinsey aclara que las cifras corresponden a anuncios de inversión y no necesariamente a desembolsos ya ejecutados. Aunque la consultora sostiene que históricamente muchos proyectos alcanzan tasas de concreción superiores al 60%, remarca que los desarrollos pueden demorarse, reducirse o incluso no avanzar.

El informe identifica como factores críticos para materializar proyectos mineros la estabilidad regulatoria, la relación con comunidades, la disponibilidad de agua, la infraestructura energética, la capacidad logística y los tiempos de construcción.

La CEPAL también aparece mencionada dentro del análisis por los desafíos socioambientales asociados al crecimiento de la minería crítica, particularmente en relación con el consumo de agua, biodiversidad y conflictos territoriales.

En ese contexto, el trabajo concluye que la próxima etapa para América Latina no será simplemente atraer inversiones, sino demostrar capacidad para transformarlas en producción, plantas industriales, empleo, proveedores y exportaciones sostenidas en el tiempo.