Argentina, la única apuesta gasífera de Sudamérica que crece hacia 2035

La demanda de gas se mantiene fuerte a nivel global, posicionando a Argentina con un crecimiento productivo significativo hasta 2035, un hito que depende de la infraestructura y la atracción de capital.

Desafíos pendientes: Infraestructura, inversión y estabilidad macroeconómica son claves para que Argentina exporte gas a escala global.

Desafíos pendientes: Infraestructura, inversión y estabilidad macroeconómica son claves para que Argentina exporte gas a escala global.

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La transición energética global perdió velocidad y ese cambio de escenario vuelve a poner a Vaca Muerta en el centro de la discusión. Los últimos análisis de BP y la Agencia Internacional de Energía (IEA) anticipan una demanda de petróleo más resistente y un ciclo de crecimiento del gas más prolongado, mientras Argentina aparece como el único país de Sudamérica y Centroamérica con un aumento significativo de su producción gasífera hacia 2035.

El dato es relevante, pero también obliga a mirar la otra cara de la oportunidad: tener el recurso no garantiza convertirse en una potencia exportadora. Para que Vaca Muerta se transforme en una plataforma regional y global de gas, Argentina deberá resolver infraestructura, financiamiento, contratos de largo plazo y, sobre todo, sostener condiciones macroeconómicas y regulatorias capaces de atraer inversiones durante décadas.

El mundo demora la transición

El escenario energético internacional se modificó respecto de las previsiones más optimistas sobre la transición. Según BP, la demanda mundial de petróleo será más persistente de lo previsto y alcanzará un máximo hacia 2030 antes de comenzar un descenso gradual.

Para 2050, el consumo global todavía rondaría los 83 millones de barriles diarios, un volumen superior al que la compañía proyectaba en su informe anterior.

La electrificación avanza, pero a velocidades diferentes. Mientras las economías desarrolladas reducen progresivamente el consumo de combustibles fósiles, India y el Sudeste Asiático mantienen una demanda creciente vinculada al transporte, la industria y la petroquímica.

A esto se suma un factor que ganó peso en los últimos años: la seguridad energética. Las tensiones geopolíticas y la necesidad de garantizar el abastecimiento llevaron a muchos países a priorizar una transición más gradual antes que una sustitución acelerada de los hidrocarburos. El resultado es un escenario menos lineal: el petróleo no desaparece y el gas gana tiempo.

El gas extiende su ciclo

La perspectiva para el gas natural es todavía más favorable. BP proyecta que la demanda continuará creciendo hasta mediados de la década de 2040, cuando alcanzaría un nivel aproximadamente 20% superior al de 2023.

El crecimiento del GNL es uno de los principales motores de ese mercado. Europa y Asia buscan asegurar cargamentos y ampliar su capacidad de importación, mientras la expansión del comercio internacional de gas licuado modifica el mapa energético mundial.

La IEA también proyecta una fuerte demanda. Bajo su escenario de políticas vigentes, el gas natural superaría al carbón hacia 2035 y se convertiría en el segundo combustible más utilizado del mundo. Dos tercios del crecimiento de esa demanda provendrían de economías emergentes.

Ese escenario representa una oportunidad para los países capaces de producir gas a bajo costo y conectarlo con los mercados internacionales. Y allí aparece Argentina.

BP proyecta que la demanda continuará creciendo hasta mediados de la década de 2040, cuando alcanzaría un nivel aproximadamente 20% superior al de 2023.

BP proyecta que la demanda continuará creciendo hasta mediados de la década de 2040, cuando alcanzaría un nivel aproximadamente 20% superior al de 2023.

Argentina, la excepción regional

La proyección de la IEA coloca a la Argentina en una posición particular dentro de Sudamérica. Mientras buena parte de la región muestra una producción de gas estable o en declive, Argentina podría incrementar alrededor de 60% su producción hacia 2035, impulsada principalmente por Vaca Muerta.

El dato convierte al país en una excepción regional y refuerza la expectativa de que pueda pasar de cubrir su demanda doméstica a participar de manera relevante en el mercado internacional de GNL.

Pero esa posibilidad todavía debe superar una serie de obstáculos. La producción por sí sola no alcanza. Para exportar gas a gran escala hacen falta gasoductos, plantas de licuefacción, terminales, financiamiento y contratos internacionales que permitan justificar inversiones multimillonarias.

La oportunidad también tiene riesgos

El punto crítico para Argentina es que la ventana internacional puede abrirse, pero no permanecer abierta indefinidamente.

Si el mercado mundial de GNL continúa expandiéndose y Vaca Muerta aumenta su producción, el país tendrá una oportunidad para capturar una porción de esa demanda. Pero otros productores también compiten por esos mercados, y las decisiones de inversión en infraestructura energética tienen horizontes de varias décadas.

El desafío, entonces, deja de ser exclusivamente geológico. Argentina tiene recursos. La discusión pasa por si puede transformarlos en una industria exportadora competitiva y sostenida. Para eso necesitará ampliar su infraestructura, reducir costos, garantizar reglas estables y conseguir capital para proyectos que demandarán miles de millones de dólares.

De la promesa al negocio

El nuevo escenario global puede ser favorable para Argentina, pero también expone sus limitaciones.

Un mundo que demora la salida del petróleo y extiende la utilización del gas ofrece más tiempo para monetizar Vaca Muerta. La demanda internacional de GNL puede convertirse en una fuente relevante de divisas y modificar estructuralmente la balanza energética argentina.

Sin embargo, la oportunidad no se materializa por tener una de las mayores reservas de gas no convencional del planeta. Argentina deberá demostrar que puede producir a escala, transportar, licuar y vender de manera competitiva. También deberá sostener durante el tiempo suficiente las condiciones que permitan financiar proyectos de gran magnitud.

La IEA le otorga a Argentina un lugar excepcional en el mapa gasífero regional. Ahora empieza la parte más difícil: convertir esa excepción estadística en un negocio energético de escala global.

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