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El litio recuperó terreno pero debería subir más para que se aceleren todos los proyectos en Argentina

Después del derrumbe que siguió al máximo histórico de 2022, el carbonato de litio volvió a mostrar señales de recuperación durante 2026.

El mercado mundial del litio comenzó a salir del piso, aunque todavía se mueve con una volatilidad que obliga a las compañías a seleccionar cuidadosamente sus inversiones. Durante los primeros meses de 2026, el precio promedio del carbonato de litio se ubicó cerca de los US$19.400 por tonelada, casi el doble del promedio de 2025, mientras que los contratos negociados en China atravesaron fuertes subas y correcciones. A fines de julio, la referencia china rondaba el equivalente a US$20.000 por tonelada.

La recuperación es significativa, pero debe ponerse en perspectiva. Los valores actuales continúan aproximadamente un 70% por debajo de los máximos alcanzados en 2022, cuando la escasez de oferta y el rápido crecimiento de los vehículos eléctricos llevaron al litio a precios extraordinarios. La Agencia Internacional de Energía atribuyó el repunte de comienzos de 2026 al crecimiento de la demanda de baterías, especialmente para almacenamiento eléctrico, a los bajos inventarios chinos y a algunas interrupciones temporarias de la producción.

Equilibrio variable

Para Argentina, sin embargo, no existe un único precio de equilibrio. Los proyectos de salmuera convencional, que concentran el litio mediante grandes piletones de evaporación, se ubican generalmente entre los productores de menores costos del mundo. Cauchari-Olaroz, en Jujuy, informó costos operativos en torno de US$6.100 por tonelada durante 2025, aunque estudios anteriores de proyectos argentinos habían estimado costos incluso inferiores.

Eso no significa que un precio apenas superior a los costos operativos alcance para construir una mina. La decisión debe cubrir además la inversión inicial, las ampliaciones, la infraestructura, los impuestos, el mantenimiento, el costo financiero y la rentabilidad exigida por los inversores.

Como referencia, diferentes estudios de proyectos de salmuera en Argentina mostraron tasas de retorno atractivas con precios de largo plazo de entre US$12.000 y US$18.000 por tonelada. El proyecto Pastos Grandes, por ejemplo, calculó una tasa interna de retorno del 21% aun con un precio de US$12.000, que ascendía al 33% con US$18.000.

Por eso, alrededor de US$15.000 por tonelada puede considerarse un piso para que los mejores activos continúen avanzando, especialmente cuando cuentan con socios estratégicos, financiamiento propio o incentivos fiscales. Pero para que se produzca una aceleración generalizada de la cartera argentina, incluidos los proyectos más pequeños, de menor concentración o todavía en exploración, el mercado debería consolidarse durante varios años entre US$18.000 y US$22.000 por tonelada.

Por encima de los US$20.000, además, mejora la posibilidad de obtener créditos y cerrar acuerdos de compra anticipada. El problema de la etapa de precios bajos no fue solamente la rentabilidad futura: muchas compañías junior directamente perdieron acceso al capital necesario para completar estudios, plantas piloto y obras de construcción.

Evaporación, extracción directa y roca dura

El método utilizado modifica considerablemente la ecuación. La evaporación solar tiene tiempos largos —la concentración de las salmueras puede requerir entre 12 y 24 meses—, demanda grandes superficies y presenta desafíos ambientales relacionados con el balance hídrico. Su ventaja es que, cuando la geología y el clima acompañan, puede producir a costos operativos muy bajos.

La extracción directa de litio, conocida como DLE, utiliza materiales absorbentes, membranas o procesos químicos para separar el mineral de la salmuera en mucho menos tiempo. Permite mejorar la recuperación, reducir las superficies ocupadas y producir de manera más estable, pero requiere mayor inversión tecnológica, energía, reactivos y un tratamiento específico para cada salar.

Los costos integrales de algunos desarrollos DLE internacionales se acercan actualmente a los US$10.000 por tonelada, frente a valores cercanos a US$6.000 para las operaciones de evaporación más competitivas. Sin embargo, la comparación cambia según la concentración de litio, las impurezas, el consumo energético, la disponibilidad de agua y la posibilidad de reinyectar la salmuera.

En Argentina ya existen antecedentes de extracción directa. Fénix, en Catamarca, utiliza desde hace años un proceso de adsorción selectiva, mientras que Río Tinto aplicará DLE a escala comercial en Rincón, Salta. La compañía sostiene que el sistema permite conservar agua, reducir residuos y obtener una calidad más uniforme del carbonato producido.

La extracción desde roca dura, predominante en Australia y algunas regiones de China, implica triturar y procesar minerales como el espodumeno. Es más rápida para entrar en producción que los proyectos tradicionales de salmuera, pero utiliza más energía y, en general, queda más expuesta cuando el precio baja. Benchmark Mineral Intelligence señala que el procesamiento de roca dura tiene una intensidad energética y de carbono superior a la producción basada en salmueras.

Una transición energética más larga de lo previsto

El ciclo del litio también está condicionado por los tiempos reales de la transición energética. La electrificación avanza, pero no de manera lineal. Las ventas de vehículos eléctricos crecen a diferentes velocidades según el país, mientras que el almacenamiento estacionario de electricidad comenzó a transformarse en un segundo gran motor de demanda.

La AIE proyecta que el consumo mundial de litio podría multiplicarse por cinco hacia 2040. Aunque el mercado estaría bien abastecido durante los próximos años, el organismo prevé que la demanda vuelva a superar a la oferta durante la década de 2030 si no se desarrollan nuevos proyectos.

Las nuevas químicas tampoco eliminarían rápidamente la necesidad de litio. Las baterías de ion-litio seguirían dominando el mercado automotor al menos hasta 2030. Las baterías de sodio podrían ganar espacio, especialmente en almacenamiento estacionario y vehículos de menor autonomía, pero representarían menos del 10% de las baterías para autos hacia el final de la década.

El reciclado tendrá una incidencia creciente, aunque tampoco desplazará a la minería en el corto plazo. Según la AIE, los materiales reciclados podrían cubrir entre 20% y 30% de la demanda mundial de litio recién hacia 2050, siempre que mejoren sustancialmente los sistemas de recolección y procesamiento.

La oportunidad argentina

Argentina cerró 2025 con siete operaciones de litio en producción, luego de la puesta en marcha de cuatro proyectos entre 2024 y 2025. Las exportaciones alcanzaron un récord de US$905 millones y explicaron el 15% de las ventas mineras del país.

La cartera continúa ampliándose. Río Tinto obtuvo financiamiento por US$1.175 millones para avanzar con Rincón, un desarrollo de alrededor de US$2.500 millones que apunta a producir hasta 60.000 toneladas anuales de carbonato de litio grado batería.

Las proyecciones sectoriales estiman que la producción argentina podría alcanzar las 407.000 toneladas anuales hacia 2035, un crecimiento del 254% frente a los niveles actuales. Sin embargo, el salto no será automático ni dependerá solamente de los recursos geológicos: requerirá precios sostenidos, infraestructura, financiamiento, tecnología probada y reglas estables durante toda la vida de los proyectos.

El escenario más probable no es un regreso permanente a los precios excepcionales de 2022, sino un mercado cíclico que deberá encontrar un valor suficiente para estimular nuevas minas sin encarecer excesivamente las baterías. Para Argentina, una franja estable de entre US$18.000 y US$22.000 por tonelada podría actuar como punto de aceleración: por debajo sobrevivirán los proyectos más eficientes; por encima, comenzará a moverse con mayor velocidad el resto de la cartera.