PSJ primero, Alumbrera como puente y los gigantes en espera: el verdadero estado del cobre argentino
La cartera de proyectos avanzados marca un punto de inflexión para la minería local, pero también deja en claro que el cobre es una carrera de resistencia.
PSJ Cobre Mendocino aparece como el primer proyecto greenfield en producir en la nueva etapa del cobre argentino.
PSJ Cobre MendocinoArgentina logró conformar una cartera de ocho proyectos de cobre considerados los más avanzados del país en el ámbito de la denominada Mesa del Cobre: Josemaría, Los Azules, El Pachón, Altar y Filo del Sol en San Juan; Taca Taca en Salta; MARA (Agua Rica–Alumbrera) en Catamarca; y finalmente PSJ Cobre Mendocino (San Jorge) en Mendoza.
Se trata de iniciativas de gran escala, con distintos grados de avance técnico, pero atravesadas por una misma lógica de desarrollo: inversiones multimillonarias, largos procesos de ingeniería, permisos ambientales complejos y una fuerte dependencia del acceso al financiamiento internacional.
A diferencia de otros sectores de la minería, el cobre exige inversiones iniciales millonarias, extensos programas de ingeniería, obras de infraestructura complejas y plazos de construcción que, en proyectos de gran escala, rara vez bajan de cuatro o cinco años. A eso se suma un período previo -muchas veces subestimado- dedicado a estudios de factibilidad, estructuración financiera, permisos ambientales y definición del modelo operativo. En conjunto, el recorrido desde la exploración avanzada hasta la primera tonelada producida suele extenderse entre ocho y doce años.
Ese marco permite entender por qué, aun con precios internacionales favorables y un renovado interés inversor, una parte de los proyectos argentinos mantiene horizontes productivos hacia el final de la década o la mayoría incluso más allá.
El cobre mendocino, el primero
En ese escenario, PSJ Cobre Mendocino (San Jorge) aparece hoy como la excepción. No por tratarse del yacimiento más grande, sino precisamente por lo contrario. Su escala más acotada (proyecta una producción de 40.000 toneladas anuales) reduce significativamente los tiempos de obra y el volumen de capital requerido, dos variables clave en el arranque de cualquier mina. El proyecto es desarrollado por la sociedad integrada por Zonda Metals y Alberdi Energy.
Tras ingresar formalmente en etapa de factibilidad, el proyecto avanza con ingeniería de detalle y planificación constructiva, con un cronograma que apunta a iniciar producción hacia 2028. De concretarse, sería el primer proyecto greenfield de cobre en entrar en operación en Argentina en el nuevo ciclo minero. En esta etapa, PSJ trabaja sobre una inversión base estimada en US$ 590 millones, a la espera de los ajustes que surjan del estudio definitivo de factibilidad, que terminará de precisar ingeniería, cronograma de obra y estructura de costos.
Un camino similar, aunque bajo una lógica distinta, es el que evalúa Glencore con Bajo de la Alumbrera, histórica operación catamarqueña desarrollada originalmente por Minera Alumbrera y hoy bajo control del grupo suizo. Apalancada en infraestructura existente y con mineral remanente disponible, la compañía analiza su reactivación en torno a 2028, en función del nuevo escenario de precios del cobre. Se trata de una jugada táctica: aprovechar activos ya desarrollados mientras madura el proyecto estructural del grupo en Catamarca, MARA (Agua Rica–Alumbrera).
MARA continúa transitando la etapa de factibilidad y representa una inversión estimada superior a la de PSJ y desafíos técnicos e infraestructurales de mayor complejidad. Su desarrollo pleno implica planta concentradora, nuevo trazado de caminos, líneas eléctricas y obras complementarias, lo que empuja inevitablemente sus plazos hacia la próxima década.
Los cátodos argentinos
El siguiente proyecto con calendario relativamente definido es Los Azules, en San Juan, desarrollado por McEwen Copper. Tras completar su estudio de factibilidad, el foco está puesto ahora en el cierre del financiamiento y en las decisiones finales de inversión. La empresa proyecta iniciar producción hacia 2030, con una particularidad que lo distingue del resto del portafolio argentino: será el único de los grandes proyectos que planea producir cátodos de cobre, integrando etapas de procesamiento que habitualmente quedan fuera del país. Ese diferencial agrega valor industrial, pero también eleva la complejidad técnica y el requerimiento de capital. Tras la publicación de la factibilidad, la inversión inicial necesaria se elevó a más de US$ 3.100 millones, reflejando el aumento de alcance del proyecto y la incorporación de la planta de cátodos.
Dentro del denominado Distrito Vicuña, Josemaría y Filo del Sol son desarrollados por el joint venture entre BHP y Lundin Mining. Josemaría avanza con trabajos tempranos de infraestructura mientras espera definiciones sobre su postulación al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). El proyecto mantiene como objetivo la entrada en producción hacia el final de la década. En la misma franja cordillerana, Filo del Sol continúa expandiendo recursos y atravesando etapas, todavía sin un cronograma público de arranque, reflejando su condición de activo en consolidación dentro del grupo de los ocho. Tratados ya como un complejo integrado, Josemaría y Filo del Sol implican en conjunto una inversión estimada de entre US$ 12.000 y US$ 15.000 millones, considerando mina, planta, infraestructura energética, caminos y logística, lo que los posiciona como uno de los polos cupríferos más relevantes de Sudamérica.
Más atrás en la línea temporal aparece El Pachón, uno de los yacimientos de mayor tamaño del país, también bajo control de Glencore. La compañía prepara una nueva factibilidad y también incluyó al proyecto dentro del RIGI presentado junto a MARA. Su escala, sumada a la necesidad de importantes obras de infraestructura, explica por qué su horizonte productivo se ubica varios años más adelante.
En ese mismo grupo de proyectos de gran escala se ubica Taca Taca, en Salta, desarrollado por First Quantum Minerals, una iniciativa de clase mundial que continúa atravesando su etapa de factibilidad y actualización técnica. El proyecto requiere una inversión estimada en el orden de los US$ 3.500 a 4.000 millones, e involucra no sólo la mina y la planta concentradora, sino también obras de infraestructura eléctrica, vial y logística de gran magnitud. Por su escala y complejidad, Taca Taca enfrenta un recorrido similar al de MARA y Pachón, con plazos extendidos que dependen tanto del cierre del financiamiento como de definiciones regulatorias y del contexto del mercado internacional del cobre. First Quantum espera avanzar con los permisos necesarios para la construcción del proyecto dentro del 2026.
Altar, un gigante del cobre
Finalmente, Altar, también en San Juan, permanece en prefactibilidad y es explorado por Aldebaran Resources, que posee un 80% de participación en el proyecto. Sus ejecutivos anunciaron recientemente la búsqueda de financiamiento para avanzar con ese estudio, un paso indispensable antes de poder definir ingeniería de detalle, cronogramas de obra o fechas tentativas de producción. Altar representa hoy el proyecto más lejano a una decisión de construcción dentro del grupo de los ocho si se consideran estrictamente las etapas del proceso minero. Se trata de un yacimiento de cobre y oro de gran tamaño que aún se encuentra en fase de delineamiento geológico: el proyecto completó su campaña 2024-2025 con 25.100 metros de perforación, superando las metas iniciales, y acumula más de 63.000 metros perforados desde la estimación de recursos de 2021, incluyendo nuevos descubrimientos en Altar United. Actualmente el trabajo está enfocado en perforación de relleno en Altar Central y Altar United, como paso previo al Estudio Económico Preliminar (PEA), mientras la compañía ya proyecta avanzar luego hacia un Estudio de Prefactibilidad hacia fines de la década, consolidando a Altar como un gigante todavía en desarrollo.
El panorama deja una lectura clara: Argentina cuenta con proyectos, pero el cobre no ofrece atajos. Salvo PSJ y la posible reactivación de Alumbrera, el resto enfrenta recorridos largos marcados por ingeniería, permisos, financiamiento y construcción. La magnitud de las inversiones involucradas transforma al desarrollo cuprífero en un proceso de acumulación de hitos más que en una carrera de velocidad.

