Chile define sus minerales clave: cobre, litio, molibdeno y renio lideran una estrategia que abarca 14 recursos

La nueva Estrategia Nacional de Minerales Críticos fija prioridades para la próxima etapa de desarrollo del sector minero trasandino.

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Chile formalizó una política de Estado que define al cobre, litio, molibdeno y renio como los cuatro minerales centrales de su desarrollo minero. Estos recursos integran el Grupo A de la Estrategia Nacional de Minerales Críticos (EMC), presentada por el Ministerio de Minería en enero de 2026, dentro de un esquema más amplio que prioriza un total de 14 minerales considerados estratégicos para el vecino país.

La EMC introduce una definición nacional de “mineral crítico” y organiza el listado en tres grupos (A, B y C), con el objetivo de orientar políticas públicas, inversión, exploración y desarrollo productivo según el grado de madurez de cada recurso, su posicionamiento en los mercados internacionales y su potencial de agregación de valor para la economía chilena.

El Grupo A reúne los minerales donde Chile ya mantiene una participación relevante en el suministro global. En el subgrupo A1 se ubican el cobre (Cu) y el litio (Li), asociados a mercados de gran escala y con aplicaciones directas en electromovilidad, transmisión eléctrica y energías limpias. El subgrupo A2 incorpora al molibdeno (Mo) y al renio (Re), de menor volumen relativo, pero con posiciones consolidadas para el país, incluyendo el liderazgo mundial en producción de renio.

De acuerdo con cifras oficiales correspondientes a 2024, la producción chilena alcanzó los 5,57 millones de toneladas métricas de fino de cobre, 325,5 mil toneladas de compuestos de litio (equivalentes a cerca de 60 mil toneladas de litio contenido), 40,6 mil toneladas métricas de fino de molibdeno y 29 toneladas de renio. Estos volúmenes posicionan al país como primer productor mundial de cobre y renio, segundo en litio y tercero en molibdeno.

Los otros grupos

El esquema se completa con el Grupo B, que incorpora minerales con alto potencial geológico y proyectos en desarrollo, entre ellos el cobalto (Co) y los elementos de tierras raras (ETR). A este segmento se suman el antimonio (Sb), selenio (Se) y telurio (Te), identificados como recuperables principalmente mediante minería secundaria en procesos de fundición y refinación del cobre, además de barros anódicos y relaves, abriendo un espacio para el desarrollo de subproductos y esquemas de economía circular minera.

El Grupo C agrupa minerales definidos como estratégicos para el desarrollo económico nacional, aun cuando no siempre figuran en listados internacionales de criticidad. En el subgrupo C1 se incluyen el oro (Au), la plata (Ag) y el hierro (Fe), mientras que en el subgrupo C2 aparecen el boro (B) y el yodo (I). En este último caso, Chile concentra cerca de dos tercios de la producción mundial. Durante 2024, el país registró producciones de 37 toneladas de oro, 1.354 toneladas de plata, 9,8 millones de toneladas métricas de fino de hierro y 22,7 mil toneladas de yodo, además de volúmenes relevantes de boro.

Consejo asesor de la Estrategia Nacional de Minerales Críticos

La estrategia se apoya en un diagnóstico del potencial geológico nacional, que identifica pórfidos cupríferos como principal fuente de cobre, molibdeno y renio; sistemas salinos altoandinos con vocación para litio y boro; franjas metalogénicas con prospectividad en cobalto y tierras raras; y recursos asociados a nitratos naturales e yodo en el norte del país. Este relevamiento técnico se complementa con la identificación de oportunidades de recuperación de metales a partir de relaves y corrientes metalúrgicas, incorporando la minería secundaria como una línea de trabajo específica.

Proyecciones

En paralelo, la EMC incorpora proyecciones de demanda elaboradas por Cochilco, el Banco Mundial y la Agencia Internacional de Energía, que anticipan incrementos significativos hacia 2050, particularmente en litio, cobre, cobalto y tierras raras, impulsados por la electrificación, las baterías y las tecnologías limpias. En escenarios de mayor ambición climática, la demanda total de litio podría multiplicarse entre 5,7 y 8,9 veces, mientras que la asociada a tecnologías limpias crecería entre 8 y 13 veces, con aumentos relevantes también para cobre, cobalto y ETR.

La Estrategia Nacional de Minerales Críticos se estructura en cinco pilares -producción y diversificación, minería responsable, oportunidades de desarrollo y agregación de valor, inserción internacional y capacidades habilitantes- y contempla un modelo de gobernanza liderado por el Ministerio de Minería, con participación de organismos públicos, gobiernos regionales, industria, academia y sociedad civil. Su implementación se articulará mediante planes de acción por administración, mecanismos de seguimiento y procesos de actualización periódica.

Con este marco, Chile formalizó una política que define cuáles son los minerales que considera centrales para su desarrollo productivo y cómo planea articular exploración, producción, valor agregado e inserción internacional en torno a ellos, estableciendo un esquema de prioridades para los próximos años.

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