Pampa energía invertirá US$ 2.400 para producir urea en Bahía Blanca
Con el gas de Vaca Muerta como principal insumo, permitirá pasar a ser exportador de un fertilizante clave.
Pampa Energía avanza con un nuevo megaproyecto industrial y pidió formalmente su ingreso al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) para desarrollar una planta de fertilizantes en Bahía Blanca, con una inversión estimada en USD 2.400 millones.
La iniciativa, denominada “Fértil Pampa”, contempla la construcción de una megaplanta en el polo petroquímico local que transformará gas natural proveniente de Vaca Muerta en urea granulada, uno de los insumos clave para el agro. El proyecto apunta a alcanzar una capacidad de producción de alrededor de 2,1 millones de toneladas anuales hacia 2030.
Reconversión
El objetivo central es doble: por un lado, sustituir importaciones —en un país que todavía depende en gran medida del exterior para abastecerse de fertilizantes— y, por otro, generar un perfil exportador con foco regional, especialmente hacia Brasil.
La apuesta también marca un movimiento estratégico de la compañía que lidera Marcelo Mindlin, que busca diversificar su negocio energético hacia la petroquímica y el agro, apalancándose en el gas de Vaca Muerta como insumo competitivo.
En términos de escala, se trata de uno de los proyectos industriales más ambiciosos vinculados a fertilizantes en Argentina. La planta incluiría instalaciones para producir amoníaco y dióxido de carbono, además de las unidades de síntesis de urea, almacenamiento y logística asociada.
El ingreso al RIGI es un paso clave para viabilizar la inversión, ya que el régimen ofrece beneficios fiscales, cambiarios y aduaneros para proyectos de gran magnitud. En ese marco, la iniciativa se suma a la cartera de desarrollos que buscan aprovechar el potencial gasífero argentino para generar valor agregado industrial.
De concretarse, el proyecto no solo impactaría en la balanza comercial —reduciendo importaciones por cientos de millones de dólares— sino que también reforzaría el posicionamiento de Bahía Blanca como hub petroquímico y exportador, integrando energía y agro en una misma cadena de valor.

