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La minería empuja una nueva ola de inversiones energéticas en el país

El avance de la minería y los proyectos cupríferos acelera parques solares, transmisión y almacenamiento para sostener la demanda industrial.

La expansión del cobre en Argentina exige algo más que recursos geológicos y aprobación ambiental: requiere potencia eléctrica disponible, infraestructura de transporte y contratos de largo plazo que sostengan operaciones industriales de gran escala. Sin esa base energética, la factibilidad técnica de los proyectos pierde consistencia.

En Cuyo, las últimas inversiones exponen esa variable con claridad. Genneia cerró un financiamiento por USD 185 millones con BID Invest —ampliable hasta USD 320 millones— destinado a nuevos parques solares y sistemas de almacenamiento. En paralelo, Central Puerto obtuvo autorización para incorporar al Mercado Eléctrico Mayorista el Parque Solar Hunuc I en San Juan, con una inversión estimada en torno a USD 330 millones y una potencia inicial de 140 MW, ampliable hasta 380 MW.

Ambos movimientos están vinculados a una misma expectativa: el aumento proyectado de la demanda eléctrica asociada a la minería de cobre y litio.

Potencia, continuidad y escala industrial

Hunuc I se emplazará en el departamento sanjuanino de Sarmiento y se conectará al Sistema Argentino de Interconexión mediante una nueva estación transformadora bajo la órbita de Distrocuyo. La localización responde a un dato estructural: San Juan concentra algunos de los desarrollos cupríferos más relevantes del país y proyecta un salto sustancial en consumo eléctrico si esos emprendimientos ingresan en etapa constructiva.

La minería metalífera es intensiva en energía continua. Trituración, molienda y concentración demandan potencia firme, con baja tolerancia a interrupciones. En ese esquema, la energía incide directamente en el costo por tonelada producida y en la estabilidad operativa.

El acuerdo de Genneia agrega otro componente: el foco en transmisión eléctrica en el norte argentino vinculado a inversiones en minerales críticos como litio y cobre. No se trata únicamente de generación; se trata de garantizar que la energía llegue a zonas cordilleranas con infraestructura históricamente limitada.

Renovables, almacenamiento y huella exportadora

Los desarrollos incorporan sistemas de almacenamiento. Genneia prevé un BESS de 40 MW en el nodo Maschwitz, mientras que Central Puerto proyecta sumar 205 MW en almacenamiento hacia fines de 2026. La incorporación de baterías permite gestionar intermitencias y ofrecer mayor previsibilidad en contratos de suministro.

En paralelo, la creciente participación renovable impacta sobre la huella de carbono del cobre argentino. En un escenario donde los mercados internacionales incorporan exigencias ambientales crecientes, la matriz energética comienza a formar parte del argumento comercial.

Infraestructura como variable competitiva

Chile y Perú compiten con sistemas eléctricos consolidados, redes de transmisión extendidas y contratos de abastecimiento de largo plazo. La Argentina debe resolver en simultáneo la factibilidad minera y la infraestructura energética.

La competencia por el cobre no se limita al subsuelo. Se expresa en líneas de alta tensión, estaciones transformadoras, parques solares y almacenamiento que respalden procesos industriales continuos.

Antes de que el cobre argentino incremente exportaciones, la infraestructura eléctrica empieza a anticipar esa escala. Ese es el frente menos visible de la carrera minera.