La balanza energética registró un récord de US$ 2.405 M en el primer trimestre
El desempeño, basado en el desarrollo de Vaca Muerta, es el más alto en la serie histórica. Fuerte caída de las importaciones.
La magnitud de las exportaciones estará dada por la capacidad de transporte
YPFEl sector energético arrancó 2026 con números que confirman su nuevo rol en la economía argentina: la balanza comercial del rubro registró en el primer trimestre un superávit de US$ 2.405 millones, el más alto de la historia para ese período y un aporte clave para sostener el frente externo.
El dato surge del informe de Intercambio Comercial Argentino (ICA) del INDEC y refleja un cambio estructural: el país pasó de un déficit energético crónico a un esquema de generación neta de divisas, impulsado por el crecimiento de Vaca Muerta.
Doble efecto
En el desglose del trimestre, las exportaciones del rubro combustibles y energía alcanzaron los US$ 2.837 millones, mientras que las importaciones se redujeron a US$ 432 millones, con una caída interanual cercana al 36%.
A nivel de productos, el motor principal volvió a ser el petróleo crudo, que explicó la mayor parte de las exportaciones gracias al incremento sostenido de la producción no convencional. También crecieron los envíos de derivados, mientras que en gas natural se mantuvieron las exportaciones regionales, principalmente hacia Chile y Brasil, aunque con menor peso relativo.
Del lado de las importaciones, la baja se explicó fundamentalmente por la menor necesidad de compras de gas natural licuado (GNL) y combustibles líquidos para generación eléctrica, en un contexto de mayor autoabastecimiento y mejores condiciones de oferta interna.
Cambio estructural
El mes de marzo sintetiza esa dinámica: las exportaciones energéticas treparon a US$ 1.235 millones (+23,2% interanual), mientras que las importaciones cayeron a US$ 145 millones (-38,5%), lo que derivó en un superávit mensual récord superior a los US$ 1.090 millones.
“El cambio en la balanza energética es estructural y responde al aumento de la producción, especialmente en no convencionales”, señalaron desde el Palacio de Hacienda en base a los datos del ICA. En la misma línea, fuentes del área energética remarcan que “la reducción de importaciones y el crecimiento de las exportaciones van a seguir profundizándose en la medida en que se consolide la infraestructura”.
El impacto ya trasciende lo sectorial. La energía se consolidó como uno de los principales generadores de divisas del país y explica una porción creciente del superávit comercial total, en un contexto en el que la acumulación de reservas depende cada vez más de los dólares que aporta el complejo energético.
Proyección
La mejora no es coyuntural. Se inscribe en una tendencia que se viene profundizando: en 2025, la balanza energética cerró con un superávit superior a los US$ 7.800 millones, y para 2026 las proyecciones del mercado apuntan a un nuevo salto que podría llevar el saldo a la zona de los US$ 10.000 millones.
Sin embargo, el desafío hacia adelante no pasa tanto por la producción como por la infraestructura. El crecimiento acelerado de Vaca Muerta empieza a tensionar la capacidad de transporte y evacuación, lo que obliga a acelerar inversiones en oleoductos, gasoductos y terminales portuarias.
En ese equilibrio se juega buena parte del futuro del sector. Si logra sostener el ritmo actual y destrabar los cuellos logísticos, la energía no solo seguirá aportando dólares, sino que puede consolidarse como el principal factor de alivio de la histórica restricción externa argentina.
