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Inversiones energéticas: el país necesita décadas de previsibilidad, según AmCham

El AmCham Energy Forum 2026 concluyó con un consenso: Argentina posee un potencial energético extraordinario, pero la ventana para capitalizarlo en exportaciones y dólares se cierra rápidamente.

El AmCham Energy Forum 2026 dejó una conclusión compartida entre Gobierno, empresas y provincias: Argentina tiene una oportunidad energética extraordinaria, pero el tiempo para convertirla en un negocio de escala es ahora. Vaca Muerta concentra recursos récord de petróleo y gas, mientras el mundo mantiene una demanda de hidrocarburos más firme de lo esperado, pero el salto productivo requiere inversiones, infraestructura, financiamiento y reglas de largo plazo.

El encuentro, que reunió a funcionarios, gobernadores y CEOs del sector energético, puso el foco en la transición de una Argentina que dejó atrás el déficit energético hacia un país que busca consolidarse como exportador estructural de petróleo, gas y GNL.

La discusión dejó de estar centrada en si existe recurso suficiente. La pregunta que atraviesa al sector es cuánto puede producir Argentina y con qué velocidad puede transformar Vaca Muerta en dólares.

González: “No podemos perder ningún barril hoy”

El secretario coordinador de Energía, Daniel González, llevó al foro el dato más contundente sobre el potencial petrolero: la nueva estimación realizada por el IAPG ubicó en alrededor de 30.000 millones de barriles los recursos técnicamente recuperables de Vaca Muerta.

Según explicó, ese volumen equivale a casi 100 años de producción al ritmo actual. Pero el funcionario puso el acento en una cuestión económica antes que geológica: demorar producción también tiene un costo.

El funcionario puso el acento en una cuestión económica antes que geológica: demorar producción también tiene un costo.

“No podemos perder ningún barril de producción hoy”, sostuvo González, al explicar que un barril que no se extrae en el momento adecuado no necesariamente puede recuperarse después con el mismo valor.

Para acelerar ese proceso, destacó el papel del RIGI, tanto para desarrollar nuevos recursos como para financiar la infraestructura necesaria para evacuarlos. El Gobierno busca así que el aumento de producción de Vaca Muerta no quede limitado por la capacidad de transporte y exportación.

Entre las obras estratégicas mencionó el oleoducto VMOS, con una capacidad inicial prevista de unos 550.000 barriles diarios, además de los grandes proyectos de GNL.

AmCham: la inversión necesita décadas de previsibilidad

Desde el sector privado, la presidenta de AmCham Argentina, Mariana Schoua, planteó el otro gran condicionante del negocio energético: las inversiones tienen horizontes mucho más largos que los ciclos políticos.

La ejecutiva reclamó sostener la estabilidad macroeconómica, el equilibrio fiscal, la previsibilidad regulatoria y la seguridad jurídica para que los proyectos puedan ser financiados y ejecutados.

El mensaje empresarial fue directo: Argentina ya recuperó parte de la credibilidad perdida, pero ahora debe transformar esa confianza en inversiones concretas, producción y exportaciones.

Schoua también planteó que el desarrollo energético no debería medirse únicamente por los indicadores macroeconómicos. Una inversión en Vaca Muerta puede generar proveedores, empleo, logística e industria en distintas provincias.

El desafío, por lo tanto, es que el boom de los hidrocarburos se convierta en desarrollo federal y no solamente en una expansión de la producción petrolera.

Argentina debe posicionarse frente a otros grandes productores que también buscan captar capital y mercados internacionales.

Los CEOs ponen el foco en escala y competitividad

Los principales ejecutivos del sector coincidieron en que la oportunidad de Vaca Muerta depende de alcanzar una escala capaz de competir globalmente.

El crecimiento de la producción exige bajar costos, mejorar la productividad y ampliar la infraestructura de transporte y exportación. La competencia ya no es solamente entre empresas locales: Argentina debe posicionarse frente a otros grandes productores que también buscan captar capital y mercados internacionales.

En ese escenario, el RIGI aparece como una herramienta para reducir el riesgo de proyectos de gran magnitud, pero no reemplaza la necesidad de competitividad estructural.

El desafío es particularmente importante en gas, donde el desarrollo de GNL requiere inversiones multimillonarias y contratos de largo plazo que exceden ampliamente una gestión de gobierno.

Weretilneck: Río Negro quiere ser la puerta de salida

El gobernador de Río Negro, Alberto Weretilneck, puso el foco en el otro extremo de la cadena: la infraestructura necesaria para que el petróleo y el gas lleguen al mundo.

La provincia recibió proyectos estratégicos vinculados con Vaca Muerta, entre ellos el sistema de transporte y exportación de petróleo hacia Punta Colorada y los proyectos de GNL.

Weretilneck destacó que el RIGI fue determinante para atraer inversiones y defendió la necesidad de generar estabilidad jurídica a nivel provincial para acompañar proyectos que tendrán una vida útil de varias décadas.

Pero también marcó un desafío menos visible: formar los recursos humanos que necesitará la nueva economía energética.

Río Negro trabaja en capacitación técnica e idiomas para preparar trabajadores capaces de insertarse en los proyectos de GNL, infraestructura y servicios vinculados con la expansión hidrocarburífera. El mundo le da más tiempo al petróleo y al gas El contexto internacional juega a favor de Argentina.

Las proyecciones recientes de BP anticipan que la demanda global de gas continuará creciendo hasta mediados de la década de 2040, cuando alcanzaría un nivel aproximadamente 20% superior al de 2023. La transición energética avanza, pero a un ritmo más lento y desigual de lo previsto. Eso extiende la ventana para que Vaca Muerta pueda monetizar sus recursos.

El GNL, en particular, aparece como una pieza central de la nueva geopolítica energética: Europa y Asia buscan asegurar suministro y ampliar su capacidad de importación, mientras los productores compiten por contratos y mercados.

Para Argentina, el escenario representa una oportunidad para transformar la expansión de Vaca Muerta en una plataforma exportadora de largo plazo.

El recurso ya no es la discusión

Las exposiciones de funcionarios, gobernadores y empresarios terminaron convergiendo en una misma idea. Argentina tiene el recurso. También tiene empresas, tecnología, proyectos de infraestructura y una demanda internacional que todavía necesita hidrocarburos.

El desafío ahora es sincronizar todas esas piezas. Producir más petróleo, aumentar el gas, construir oleoductos y gasoductos, desarrollar terminales, avanzar con el GNL, conseguir financiamiento y atraer capital internacional exige continuidad durante muchos años.

La oportunidad de Vaca Muerta, en definitiva, ya no se juega debajo de la tierra sino en la capacidad argentina de transformar esos recursos en inversión, exportaciones y dólares antes de que la ventana del mercado global vuelva a cambiar.