Energías limpias en Argentina: el país avanza más lento que el promedio mundial y queda lejos de los líderes regionales
La matriz sigue fuertemente apoyada en combustibles fósiles —sobre todo gas natural— y la incorporación de renovables no convencionales todavía es acotada.
Las energías renovables no convencionales, especialmente la solar y la eólica, apenas llegan al 6,5%.
GettyArgentina se suma a la transición energética global, pero lo hace a un ritmo más lento que el promedio mundial y muy por detrás de los líderes regionales. El motivo central es estructural: la matriz energética local sigue fuertemente apoyada en combustibles fósiles —sobre todo gas natural— y la incorporación de energías limpias todavía es acotada.
Ese perfil “menos emisivo” que otras economías por el peso del gas (más limpio que carbón y petróleo) no alcanza para cerrar la brecha. Mientras en el mundo las energías limpias ganan terreno de forma gradual, en Argentina su participación viene moviéndose en una banda estrecha desde hace décadas, y países vecinos como Brasil muestran una penetración mucho mayor de fuentes limpias, especialmente por su potencia hidroeléctrica.
Matriz energética argentina: predominio del gas y bajo peso de energías limpias
Según un informe del centro de investigación Fundar, en 2023 el 84% de la energía consumida en Argentina provino de fuentes fósiles. Dentro de ese bloque, el gas natural explicó el 44% y el petróleo el 38%, con el carbón en torno al 1%. Del otro lado, las energías limpias aportaron apenas el 16% del total, un nivel que evidencia cuánto resta recorrer para descarbonizar de forma sostenida la oferta energética.
En 2024 la foto es similar: 82,6% de fuentes fósiles (con el gas todavía más protagonista, 46,8%) y 17,4% de energías limpias. Dentro del conjunto “limpio” se destacan la hidroelectricidad (7,4%) y la energía nuclear (2,6%), mientras que las renovables no convencionales (principalmente eólica, solar y bioenergías) llegan al 6,5%. En términos prácticos, eso significa que la expansión reciente existe, pero todavía no cambia el centro de gravedad de la matriz primaria.
Transición energética global: avance gradual, pero sin caída absoluta de fósiles
El trabajo remarca que más del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero están asociadas a la energía, por eso la transición es clave. A escala mundial, los combustibles fósiles continúan explicando más del 75% del consumo primario, aunque las energías limpias crecieron desde menos del 10% a comienzos de los años 80 hasta 17,6% en 2024.
El problema es que el consumo total de energía aumentó tanto que, pese al progreso de lo “limpio”, las fuentes fósiles todavía no retroceden en términos absolutos, que es lo que más impacta sobre las emisiones.
En ese marco, Argentina aparece apenas por debajo del promedio global: 17,4% de energías limpias en 2024 contra 18,7% en el mundo. Y la tendencia local muestra una particularidad: en lugar de una curva ascendente continua, la participación de energías limpias oscila entre 10% y 20% desde la década de 1980.
Energías limpias en la región: Argentina lejos de Brasil y del promedio sudamericano
La comparación regional es la más desafiante. Brasil, por ejemplo, tiene una matriz primaria con 50,6% de energías limpias, muy por encima del nivel argentino. La explicación pasa, en gran parte, por el lugar central que ocupa la hidroelectricidad en varias economías sudamericanas.
Esa diferencia también se ve al mirar la matriz eléctrica. En Argentina, la participación de fuentes limpias en la generación eléctrica alcanza el 38,9%, prácticamente en línea con la media mundial (39,3%), pero muy lejos del promedio de Sudamérica (76,5%). En la región, el salto se apoya en la hidro: Brasil ronda 60,5% de electricidad hidroeléctrica, Colombia 62,5% y Paraguay llega al 100%.
Dentro del mix eléctrico argentino, la hidroelectricidad es la principal fuente limpia (16,5%), seguida por la eólica (11%), la nuclear (7,1%), la solar (2,7%) y las bioenergías (1,6%). En paralelo, Fundar recuerda que el gran “salto” histórico de energías limpias en el país ocurrió entre 1972 y 1985, cuando la participación pasó de 1% a 16% por la entrada en operación de centrales nucleares y grandes represas, un cambio que no volvió a repetirse con la misma magnitud en las décadas siguientes.

