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El RA-10 arrancará en 2027 y buscarán capital privado para convertirlo en una plataforma exportadora

El reactor nuclear multipropósito RA-10 alcanzó el 96% del montaje. La planta asociada a construir permitirá producir radioisótopos a escala comercial.

El Reactor Argentino Multipropósito RA-10 entró en la recta final para comenzar a operar en 2027, con una novedad que excede el avance de la obra: el Gobierno decidió abrir al capital privado la inversión necesaria para desarrollar la producción comercial asociada al proyecto.

La Secretaría de Asuntos Nucleares y la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) confirmaron que el proceso de puesta en marcha comenzará antes de fin de año, una vez obtenida la correspondiente licencia de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN), y debería completarse durante los primeros meses de 2027.

El RA-10 es el mayor proyecto desarrollado por la CNEA en las últimas décadas. La Comisión es propietaria de la tecnología y responsable del proyecto, mientras INVAP participa en su gestión y en la provisión de servicios especializados de ingeniería.

El montaje electromecánico, que según el Gobierno se encontraba en el 52% al inicio de la actual gestión, alcanzó ahora el 96%. La obra civil y la ingeniería ya fueron completadas y unas 530 personas trabajan actualmente en el proyecto.

Un reactor que no producirá electricidad

A diferencia de una central nuclear convencional, el RA-10 no fue concebido para generar electricidad. Se trata de un reactor de investigación multipropósito de 30 MW que utilizará los neutrones generados mediante fisión para aplicaciones vinculadas con la medicina, la industria, la ciencia y la tecnología.

Uno de sus principales objetivos será la producción de molibdeno-99, del cual se obtiene el tecnecio-99m, ampliamente utilizado en estudios de diagnóstico por imágenes. Su capacidad prevista llega hasta 3.000 curies semanales, equivalente a aproximadamente el 20% de la demanda mundial.

También podrá producir hasta 6.000 curies mensuales de lutecio-177, utilizado en terapias oncológicas dirigidas, e iridio-192 para aplicaciones médicas e industriales.

El proyecto incluye además la posibilidad de producir silicio dopado mediante transmutación neutrónica, un insumo empleado en semiconductores y dispositivos electrónicos de alta potencia. La capacidad inicial prevista es de 80 toneladas anuales, con posibilidades de ampliación.

Capital privado para completar el negocio

Pero terminar el reactor no alcanza para producir radioisótopos comercialmente. Para ello se necesita una planta asociada que procese los materiales irradiados dentro del RA-10.

Ese es precisamente uno de los componentes que todavía no tiene resuelto su financiamiento. La Secretaría de Asuntos Nucleares anunció ahora un esquema para incorporar inversión privada destinada al desarrollo y construcción de esa instalación y a las posteriores actividades productivas y comerciales.

El Estado conservará la conducción de la política nuclear, mientras la regulación, seguridad y fiscalización continuarán en manos de la ARN.

El Gobierno sostiene que el modelo es compatible con la Ley 24.804 de Actividad Nuclear y señala como antecedente la experiencia de CONUAR, fabricante de componentes para el ciclo de combustible nuclear, donde conviven capital privado y participación accionaria de la CNEA.

Un potencial mercado exportador

La escala prevista para el RA-10 excede las necesidades del mercado argentino. De alcanzar los niveles proyectados, permitirá garantizar el abastecimiento nacional de radioisótopos medicinales y destinar una parte sustancial de la producción a la exportación.

El proyecto apunta así a colocar a la Argentina entre los principales proveedores internacionales en un negocio con pocos jugadores y fuertes barreras tecnológicas de entrada.

No se trata solamente del molibdeno-99. La combinación de radioisótopos medicinales e industriales, silicio dopado, irradiación de materiales, ensayos de combustibles y análisis mediante activación neutrónica convierte al RA-10 en una plataforma tecnológica con distintas posibilidades comerciales.

Las dudas sobre los plazos

El anuncio oficial convive, sin embargo, con cuestionamientos dentro del sistema científico y nuclear sobre las condiciones para cumplir el cronograma.

La Agencia de Noticias Científicas de la Universidad Nacional de Quilmes recogió advertencias de trabajadores de la CNEA sobre el financiamiento del organismo y las condiciones necesarias para completar la obra y sostener posteriormente la operación del reactor.

También plantearon interrogantes sobre la construcción de la planta de radioisótopos y los tiempos que demandará conseguir la inversión privada anunciada por el Gobierno.

El cronograma oficial mantiene, por ahora, el objetivo: iniciar el proceso de puesta en marcha antes de que termine 2026 y completar esa etapa durante los primeros meses de 2027.

El desafío posterior será igualmente importante. El RA-10 deberá pasar de ser uno de los mayores desarrollos tecnológicos de la Argentina a una plataforma productiva capaz de abastecer al mercado local y disputar una porción significativa de un mercado mundial de alto valor agregado.