Uruguay, el pequeño mercado que se puso al frente de la transición hacia los autos eléctricos
En mayo, los autos 100% eléctricos alcanzaron el 41% de las ventas de vehículos nuevos en Uruguay y superaron el 44% si se suman los híbridos enchufables.
aUruguay se convirtió en el laboratorio más avanzado de América Latina para la movilidad eléctrica. En mayo, los vehículos 100% eléctricos representaron el 41% de los patentamientos de autos nuevos y la participación trepó por encima del 44% si se suman los híbridos enchufables, un nivel inédito para la región.
El dato confirma una tendencia que venía acelerándose. En 2025, Uruguay ya había superado a Costa Rica como el mercado latinoamericano con mayor penetración de vehículos eléctricos en relación con su tamaño, con casi 15.000 unidades vendidas durante el año.
La explicación no está en el volumen absoluto. Brasil, México o Colombia venden más unidades por escala. La diferencia uruguaya aparece cuando se mide la participación sobre el total del mercado: en un país de poco más de 3,5 millones de habitantes, el recambio tecnológico puede darse mucho más rápido que en economías grandes y con industrias automotrices consolidadas.
Costos
Uno de los factores centrales es el costo relativo de moverse. Uruguay importa todo el petróleo que consume y tiene una de las naftas más caras de la región. Frente a ese escenario, el auto eléctrico no aparece sólo como una decisión ambiental, sino como una alternativa económica cada vez más racional para el usuario.
A eso se suma una ventaja energética clave: la matriz eléctrica uruguaya está basada mayoritariamente en fuentes renovables. En la práctica, cargar un auto eléctrico en Uruguay implica reemplazar combustibles importados por electricidad local, limpia y relativamente estable en términos de abastecimiento. Ese diferencial convierte a la electromovilidad en una política energética, no únicamente automotriz.
El otro elemento es la estructura del mercado. A diferencia de Argentina y Brasil, Uruguay no tiene una industria automotriz de gran peso que condicione el ritmo de apertura tecnológica. Esa menor dependencia de las terminales tradicionales del Mercosur facilitó el ingreso de nuevas marcas, especialmente chinas, con modelos eléctricos más accesibles y una oferta más amplia.
Otro factor a tener en cuenta es la geográfica. El talón de Aquiles de los autos eléctricos a nivel global tiene que ver con la autonomía y el tiempo de recarga. En la nación oriental esa limitación es menos trascendente si se tiene en cuenta las distancias. Desde Montevideo se puede llegar a cualquier punto del país sin necesidad de llegar a recorrer más de 500 kilómetros.
El resultado ya empieza a impactar en la composición del mercado. Según los datos difundidos por el sector, aunque el mercado automotor uruguayo creció entre 2024 y 2026, las ventas de vehículos a combustión cayeron alrededor de 15% en ese período. Es decir: los eléctricos no sólo crecen sobre un mercado expansivo, sino que empiezan a desplazar ventas de autos nafteros.
El contraste argentino
La comparación con Argentina muestra otra velocidad. El mercado local también crece, pero todavía desde una base más baja y con fuerte predominio de híbridos. En junio se patentaron 865 vehículos eléctricos en Argentina, un 33,1% más que en mayo, mientras que el mercado total de 0 km fue de 45.995 unidades.
El dato muestra avance, pero también distancia: mientras Uruguay ya discute participaciones mensuales superiores al 40%, Argentina todavía transita una etapa inicial, condicionada por precios, oferta limitada, infraestructura de carga, carga impositiva y la estrategia de las automotrices instaladas en el Mercosur.
En el país, además, el peso industrial de Brasil y Argentina sigue inclinando el mercado hacia tecnologías de transición, especialmente híbridos, donde Toyota y Ford vienen ganando protagonismo. Esa lógica responde tanto a la capacidad productiva regional como a la necesidad de las terminales de proteger inversiones ya realizadas en plataformas térmicas o mixtas.
Uruguay, en cambio, funciona casi como una vidriera regional de lo que puede ocurrir cuando se alinean incentivos económicos, política energética y apertura comercial. Su escala chica, lejos de ser una debilidad, le permitió acelerar una transformación que en mercados más grandes suele chocar con intereses industriales, regulaciones más complejas y una infraestructura más extensa de adaptar.
Una señal para la región
El caso uruguayo no significa que el resto de América Latina pueda copiar el modelo de manera automática. Cada país tiene una matriz eléctrica distinta, costos de combustibles diferentes, políticas fiscales propias y estructuras automotrices más o menos protegidas.
Pero sí deja una señal clara: cuando el costo de la nafta es alto, la electricidad es limpia, la red de carga acompaña y la oferta de modelos se vuelve competitiva, la adopción del auto eléctrico puede acelerarse mucho más rápido de lo previsto.

