Consumo en crisis: El desafío argentino ante las olas de calor que se vienen

El aumento de la demanda de refrigeración en Argentina podría duplicarse hacia 2040, generando presión sobre el sistema energético y la necesidad de eficientar el consumo.

Olas de calor: Impactan la climatización, presentando un desafío energético y ambiental en Argentina.

Olas de calor: Impactan la climatización, presentando un desafío energético y ambiental en Argentina.

MDZ

El aire acondicionado dejó de ser, para millones de hogares y espacios de trabajo, un elemento asociado únicamente al confort. Frente a períodos de calor extremo cada vez más frecuentes, la refrigeración se convirtió también en una herramienta vinculada con la salud, la productividad y las condiciones básicas de habitabilidad.

El problema es que enfriar tiene un costo energético. Ese dilema fue uno de los ejes planteados durante la Expo Frío Calor Argentina, donde especialistas de la industria analizaron el impacto que tendrá el aumento de las temperaturas sobre el consumo energético.

La discusión ya no pasa solamente por cuánto aire acondicionado se utiliza, sino por cuánta electricidad necesitan los equipos para conseguir el mismo nivel de refrigeración.

Según datos difundidos durante la exposición, la demanda de refrigeración en la región podría duplicarse hacia 2040, una perspectiva que agrega presión sobre los sistemas eléctricos.

El mayor impacto no está en fabricar los equipos

Uno de los datos expuestos durante la presentación fue particularmente significativo: el 84% de la huella de carbono asociada a la industria de la climatización se genera durante los años de funcionamiento de los equipos y no durante su fabricación.

El problema ambiental de un aire acondicionado no termina cuando sale de fábrica. Por el contrario, una parte central del impacto se produce durante los 10 o 15 años en los que permanece instalado y conectado a la red eléctrica.

Por eso, el debate empieza a trasladarse desde la fabricación hacia el uso cotidiano de los equipos. La cuestión es especialmente relevante en Argentina, donde existe un enorme parque de viviendas y edificios construidos bajo estándares de eficiencia energética muy diferentes.

El desafío está en los edificios que ya existen

De acuerdo con los datos difundidos en la exposición, Argentina cuenta con más de 17,7 millones de viviendas particulares, además de millones de metros cuadrados destinados a oficinas, hospitales, comercios y otros usos.

Ese parque edilicio representa uno de los principales desafíos. La discusión sobre edificios sustentables suele concentrarse en las nuevas construcciones, pero una parte importante del consumo energético continuará durante décadas en inmuebles que ya están construidos.

Por eso, reemplazar equipos antiguos, incorporar sistemas de control inteligente y mejorar la gestión del consumo aparecen como algunas de las alternativas para reducir la demanda sin resignar climatización.

El objetivo, en definitiva, no sería utilizar menos el aire acondicionado cuando las temperaturas lo requieren, sino conseguir la misma temperatura utilizando menos electricidad.

El precio de compra puede ser una trampa

Otro de los puntos que comienza a ganar peso es el costo real de los equipos. Un aire acondicionado más barato al momento de la compra no necesariamente representa el menor gasto a largo plazo. Si consume más electricidad, la diferencia inicial puede terminar multiplicándose durante los años de funcionamiento.

La cuenta incluye el precio del equipo, pero también el consumo eléctrico, el mantenimiento y la vida útil. Por eso, el criterio de eficiencia energética adquiere especial importancia cuando se evalúa el costo total de climatizar una vivienda, una oficina o un comercio.

El próximo desafío: los grandes edificios

Argentina ya avanzó en el endurecimiento de las exigencias de eficiencia para los equipos residenciales de aire acondicionado.

Ahora, uno de los desafíos planteados por el sector es extender estándares elevados a equipos de mayor capacidad utilizados en edificios comerciales, como supermercados, grandes oficinas y otras instalaciones.

El motivo es evidente: cuanto mayor es la superficie que debe refrigerarse, mayor puede ser el impacto de las diferencias de eficiencia entre un equipo y otro.

En esos casos, una mejora relativamente pequeña en el consumo puede traducirse en un ahorro energético significativo cuando se considera el funcionamiento durante todo el año.

La discusión ambiental también incluye los gases refrigerantes utilizados por los equipos. La transición hacia refrigerantes con menor impacto sobre el calentamiento global forma parte de los compromisos internacionales vinculados con la protección de la capa de ozono y el clima.

Pero existe otra variable: la eficiencia del equipo. Un refrigerante de menor impacto ambiental no resuelve por sí solo el problema si el sistema continúa demandando grandes cantidades de electricidad.

El desafío, entonces, combina ambas cuestiones: equipos que consuman menos energía y tecnologías de refrigeración con menor impacto climático.

Para Argentina, la ecuación será cada vez más difícil de ignorar: si aumentan las temperaturas, también crecerá la necesidad de refrigerar los hogares, comercios y edificios.

La discusión que queda planteada es cómo satisfacer esa demanda sin trasladar todo el costo al sistema eléctrico, a las facturas de los usuarios y al ambiente.

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