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Aire líquido, una fuente de energía limpia ignorada durante medio siglo que tendrá su primera planta comercial

Inglaterra apuesta a una tecnología que permite almacenar excedentes producidos por energías limpias y devolverlos a la red cuando se necesitan.

Durante décadas, el almacenamiento de energía fue un tema secundario en la transición energética. Hoy, con la generación de renovables superando por primera vez al carbón a nivel global, se volvió una pieza crítica del sistema eléctrico. En ese contexto, una prácticamente ignorada durante medio siglo está a punto de dar un salto: el almacenamiento de energía mediante aire líquido tendrá su primera planta comercial del mundo.

El proyecto se construye cerca de Manchester, en el noroeste de Inglaterra, y es impulsado por la empresa Highview Power. Según informó la BBC, la instalación permitirá aprovechar excedentes de energía renovable, almacenarlos en forma de aire licuado y devolverlos a la red cuando la demanda supere a la oferta, reduciendo así la dependencia de centrales térmicas fósiles.

Aire líquido: cómo funciona y por qué vuelve a escena

El principio es relativamente simple, aunque tecnológicamente sofisticado. El sistema toma aire del ambiente, lo limpia, lo comprime a alta presión y luego lo enfría hasta convertirlo en líquido, utilizando electricidad excedente de fuentes renovables. Esa energía queda “guardada” en grandes tanques. Cuando la red necesita respaldo, el aire líquido se evapora, vuelve a su estado gaseoso y acciona turbinas que generan electricidad, para luego liberarse nuevamente a la atmósfera.

“La energía que obtenemos de la red alimenta este proceso de carga”, explicó a la BBC Shaylin Cetegen, ingeniera química del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). La eficiencia del sistema mejora gracias al aprovechamiento del calor generado durante la compresión. “Sin estos ciclos de recuperación térmica, la eficiencia ronda el 50%, pero al implementarlos podemos superar el 60%, acercándonos al 70%”, detalló la especialista.

energía eólica

La necesidad de este tipo de soluciones crece a medida que aumenta la participación de la energía eólica y solar.

La necesidad de este tipo de soluciones crece a medida que aumenta la participación de la energía eólica y solar, cuya producción es intermitente. A diferencia de las centrales fósiles, que pueden encenderse o apagarse según la demanda, las renovables generan excedentes en ciertos momentos y escasez en otros, lo que obliga a contar con sistemas de almacenamiento a escala de red.

La primera planta y los desafíos económicos

La planta de Carrington será la primera instalación comercial de este tipo en el mundo. Tendrá una capacidad de almacenamiento de 300 megavatios-hora, suficiente para cubrir cortes breves de suministro para hasta 480.000 hogares. El proyecto entrará en operación en dos etapas: en 2026 comenzará a funcionar la turbina para estabilizar la red y en 2027 se activará plenamente el sistema de almacenamiento.

Richard Butland, director ejecutivo de Highview Power, señaló que hoy los operadores eléctricos recurren con frecuencia a centrales de gas para estabilizar el sistema. “Esto supone un coste enorme para el sistema”, afirmó, y sostuvo que el aire líquido puede ofrecer una alternativa más limpia y eficiente.

Las ventajas tecnológicas del aire líquido

El principal interrogante sigue siendo la viabilidad económica. Estudios realizados en Estados Unidos muestran que, en escenarios conservadores, este tipo de almacenamiento resulta rentable solo en regiones específicas como Florida y Texas. Sin embargo, Cetegen remarcó que incluso así presenta ventajas frente a otras tecnologías. El costo nivelado de almacenamiento del aire líquido puede ubicarse en torno a los US$45 por megavatio-hora, frente a los US$120 de la hidroeléctrica de bombeo y los US$175 de las baterías de litio.

Para Highview Power, el futuro será híbrido. Las redes eléctricas combinarán distintas formas de almacenamiento según cada necesidad. En ese esquema, el aire líquido aparece como una opción de gran escala, larga duración y bajas pérdidas. Si la planta británica cumple con las expectativas, una tecnología relegada durante 50 años podría convertirse en una pieza clave de la transición energética global.