Ley de Glaciares: el problema no es la letra sino quién la aplica

En el inicio de las audiencias públicas por la reforma a la Ley de Glaciares, es complejo desentrañar por dónde pasa el debate.

Glaciar de escombros. área periglaciar El Portillo Argentino Tunuyán Mendoza (5)
Marcos Garcia / MDZ

Es como el VAR, que en Europa puede andar fenómeno pero acá no hace más que agigantar las dudas sobre la justicia de las decisiones en las que es convocado a definir. El problema no está en la norma, la clave está en quién la aplica.

La reforma de la Ley de Glaciares introdujo algunos cambios técnicos en relación a la prohibición de realizar explotaciones mineras y de hidrocarburos en glaciares y periglaciares. El cambio pasó por pasar a la columna de la vía libre los casos en los que la presencia de agua, mezclada entre rocas y sin bloques de hielo, no merezca ser considerada como reserva estratégica de recursos hídricos.

Es una discusión inacabable, en la que la autoridad del que dicte la sentencia se asegura la supremacía. La ley original encargó un Inventario Nacional al al Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA). La tarea se llevó a cabo, pero la discusión no se saldó.

Oro en Hualilán, San Juan
Exploración en la mina de oro de Hualilan, en San Juan

Exploración en la mina de oro de Hualilan, en San Juan

Los tiempos de la industria

Los tiempos de la industria pretenden una dinámica que choca con científicos que buscarán dilatar eternamente el debate. Así al menos lo perciben quienes sospechan de los ambientalistas. La comparación, medida en miles de millones de dólares, entre los ingresos por la extracción de cobre en Chile y Argentina es elocuente. Hablar de la importancia de los minerales críticos para la transición energética global suena a "dejémonos de perder el tiempo", que de ambos lados de la cordillera hay igual cantidad de cobre, oro, plata, y muchos etcéteras.

La solución escondida, entonces, pasó por pasar la última palabra a las provincias, dueñas legítimas de los recursos que hay bajo sus suelos. Que cada distrito decida en qué casos la presencia de agua supone un recurso vital para la población. La doctrina es correcta. Pero a nadie escapa que el veredicto pasará a ser mucho más permisivo cuando los ojos provinciales sean los que determinen los alcances de las áreas protegidas. Que los gobernadores, y probablemente las mayorías electorales que los llevaron al lugar que ocupan, quieren generar divisas a toda costa.

No hay letra perfecta, cuando de lo que se duda es de los criterios de quienes la aplican. Nunca mejor aplicada la máxima sajona que reza: "La regla de oro: el que tiene el oro pone las reglas". También lo expresó con certeza el Viejo Vizcacha, aquel Maquiavelo criollo que en sus consejos al mendigo Fierro sostuvo:

“La ley es tela de araña,

en mi inorancia lo esplico:

no la tema el hombre rico,

nunca la tema el que mande,

pues la ruempe el bicho grande

y sólo enrieda a los chicos.”

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