Refinar cobre en Argentina: uno de los desafíos detrás del "Súper RIGI" de US$2.000 millones

El Gobierno analiza beneficios especiales para atraer inversiones en refinación de cobre, baterías de litio y cadenas industriales de minerales estratégicos.

fundición cobre
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El posible “Súper RIGI” que analiza el Gobierno nacional empieza a mostrar un objetivo distinto al régimen actual. En el caso de la minería, más que enfocarse únicamente en nuevas minas, la iniciativa parece orientarse a captar industrias de escala global vinculadas al procesamiento de minerales estratégicos como cobre y litio.

La propuesta, que evalúa fijar un piso mínimo de inversión de US$2.000 millones para acceder a los beneficios, multiplica por diez el umbral vigente del RIGI tradicional y apunta a sectores específicos como refinación de cobre, baterías de litio, electromovilidad, inteligencia artificial, data centers e infraestructura nuclear.

Del concentrado al cobre refinado

En minería, uno de los focos más claros aparece en el cobre. Argentina avanza con una cartera de grandes proyectos cupríferos que en su mayoría que fueron diseñados para producir concentrado. Eso implica que buena parte del procesamiento posterior y del valor agregado industrial termina realizándose fuera del país. De ahí que el nuevo RIGI apuntaría a sumar, en teoría, ese eslabón de la cadena dentro del país.

Actualmente Argentina no cuenta con una fundición y refinería de cobre de escala internacional capaz de transformar concentrados en cobre refinado o productos industriales elaborados. En la práctica, eso obliga a exportar el material hacia complejos metalúrgicos en el exterior, principalmente en Asia. La diferencia hoy la marca Los Azules, en San Juan, que producirá cátodos.

Ahí aparece uno de los posibles objetivos detrás del nuevo esquema. Una fundición demanda inversiones mucho mayores que las de muchos proyectos mineros convencionales. También requieren infraestructura energética, logística y disponibilidad sostenida de materia prima durante décadas. El umbral de US$2.000 millones parece alinearse con ese tipo de desarrollos industriales integrados.

Sin embargo, el escenario actual también marca límites concretos. Más allá del potencial geológico y de la cantidad de proyectos en carpeta, Argentina todavía no produce grandes volúmenes de concentrado de cobre. La mayoría de los desarrollos siguen en etapas de factibilidad, permisos, financiamiento o construcción temprana. En escenarios optimistas, el ingreso fuerte de concentrado al mercado no ocurrirá antes de 2030, y con mucha aceleración algunos proyectos podrían empezar a aportar volumen desde 2028.

Eso implica que pensar hoy una fundición en Argentina obliga a proyectar una industria que necesitaría abastecimiento sostenido durante décadas, pero cuyo flujo real de concentrado todavía no está consolidado.

El contexto internacional también suma presión sobre cualquier intento de industrialización metalúrgica. El mercado global atraviesa una fuerte competencia por asegurarse concentrado para alimentar fundiciones y refinerías, en un escenario donde algunas instalaciones ya operan con cargos mínimos, nulos o incluso resignando margen para garantizar abastecimiento.

Eso obliga a pensar en niveles altos de competitividad, estabilidad fiscal y previsibilidad regulatoria para cualquier proyecto de refinación que pretenda instalarse en Argentina.

Chile también aparece como un ejemplo relevante dentro de esa discusión. Es el mayor productor de cobre del mundo, más de la mitad de su producción corresponde a concentrados y el país no alcanza a procesar internamente todo el material que genera con las fundiciones con las que cuenta. Una parte importante de ese concentrado termina exportándose, principalmente hacia Asia, donde se concentra buena parte de la capacidad global de fundición y refinación.

En ese contexto, tanto el sector privado como el propio Estado chileno vienen impulsando discusiones y proyectos orientados a ampliar la infraestructura metalúrgica local, con el objetivo de reducir dependencia externa en el procesamiento del cobre y capturar una mayor porción del valor agregado asociado a la cadena industrial. El debate incluye nuevas fundiciones, modernización de instalaciones existentes y estrategias para sostener competitividad frente al avance de complejos asiáticos que hoy dominan gran parte del negocio global de refinación.

El litio y la búsqueda de una cadena industrial propia

El mismo criterio empieza a observarse en litio. El Gobierno menciona baterías y electromovilidad dentro de los sectores estratégicos del futuro régimen. En ese caso, el foco estaría puesto en avanzar más allá de la exportación de carbonato de litio y atraer inversiones vinculadas al procesamiento químico, fabricación de celdas o componentes industriales asociados a la cadena de almacenamiento energético.

Actualmente Argentina concentra buena parte de su desarrollo litífero en la producción de carbonato y salmueras procesadas, mientras que las etapas industriales de mayor valor agregado continúan localizadas principalmente en Asia. El eventual “Súper RIGI” parece buscar precisamente proyectos capaces de cubrir parte de ese vacío industrial.

El esquema que analiza el Gobierno para el “Súper RIGI” contemplaría beneficios fiscales y aduaneros más agresivos que los del régimen vigente. Entre los puntos que trascendieron aparece una reducción de la alícuota del Impuesto a las Ganancias al 15%, por debajo del 25% actual del RIGI, junto con un esquema de amortización acelerada de inversiones: 60% el primer año, 20% el segundo y 20% el tercero. También se evalúa eliminar aranceles de importación para bienes destinados a producción y fijar retenciones cero para las exportaciones alcanzadas por el régimen. A eso se suma la intención oficial de limitar la carga tributaria provincial y municipal sobre los proyectos adheridos, buscando que Ingresos Brutos no supere el 0,5% y que las tasas municipales no se calculen sobre ventas

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