La Rioja impulsa estudios clave en la cordillera para expandir la minería

La Rioja puso en marcha una serie de estudios para dar certeza de factibilidad y garantías de preservación del ambiente

La Rioja Laguna brava

La provincia de La Rioja comenzó a dar un paso estratégico en su política minera con el lanzamiento de una serie de estudios científicos en la región cordillerana, orientados a generar información técnica y ambiental que permita impulsar el desarrollo del sector con mayor previsibilidad.

La iniciativa se centra en la construcción de una “línea de base ambiental”, una herramienta fundamental para conocer en detalle el estado actual del territorio —incluyendo agua, suelo, aire y biodiversidad— y así respaldar futuras decisiones productivas con datos científicos.

El programa, que tendrá una duración estimada de dos años, será llevado adelante por el Instituto de Servicios Ambientales y contempla tareas de monitoreo en distintos puntos estratégicos de la cordillera riojana. El objetivo es relevar información que hoy resulta clave para cualquier proyecto minero, en un contexto donde las exigencias ambientales son cada vez más estrictas.

Reducir la incertidumbre

Desde el Gobierno provincial destacan que estos estudios no solo apuntan a la minería, sino también a otras actividades productivas, aunque reconocen que el sector minero aparece como uno de los principales motores potenciales de desarrollo económico en la región.

La generación de datos de base busca, además, reducir la incertidumbre para inversores y as interesadas en explorar la cordillera, una zona donde ya existen múltiples proyectos en distintas etapas, desde exploración hasta prospección avanzada.

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Mayor respaldo técnico y ambiental

Sin embargo, el avance de la minería en La Rioja no está exento de tensiones. La provincia arrastra antecedentes de fuerte resistencia social, especialmente en torno al cerro Famatina, donde distintos proyectos fueron frenados por movilizaciones que cuestionaban el impacto ambiental de la actividad, en particular sobre el uso del agua.

En ese contexto, la estrategia oficial parece apuntar a fortalecer el componente técnico y ambiental como forma de construir consenso y legitimidad. La elaboración de una línea de base busca justamente anticipar impactos, mejorar los controles y ofrecer mayor transparencia en un sector históricamente atravesado por conflictos.

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