Tres minerales críticos en un solo proyecto: qué encontró la exploración en Malargüe
Jaguar Uranium detectó mineralización visible de uranio, cobre y vanadio en el histórico distrito mendocino.
Imagen de referencia generada con IA
Imagen generada con IAEl vanadio es, para la mayoría del público, un mineral casi desconocido. No tiene el protagonismo mediático del litio ni la centralidad geopolítica del cobre, pero su rol en la transición energética crece año a año: es la base de las baterías de flujo redox, una tecnología cada vez más utilizada para el almacenamiento de energía a gran escala, además de su uso histórico como aleante para fabricar acero de alta resistencia. Esa combinación de bajo perfil público y relevancia industrial creciente es la que puso, esta semana, al proyecto Huemul en el radar del sector minero argentino.
La empresa canadiense Jaguar Uranium informó la finalización de una campaña de muestreo en Huemul, un distrito ubicado en el departamento de Malargüe, en el sur de Mendoza, que abarca más de 27.000 hectáreas. Los trabajos incluyeron 200 muestras de roca tomadas en sectores prioritarios durante dos semanas de campo, con observación de mineralización visible de uranio, cobre y vanadio tanto en afloramientos cercanos a la antigua mina como, por primera vez, en las escombreras —los residuos de roca descartados— que dejó la operación histórica. La compañía fue clara en un punto: toda la información disponible hasta ahora es preliminar. Los resultados de laboratorio, que permitirán establecer leyes de mineralización certificadas, todavía están pendientes.
Una mina que ya fue, hace 60 años, la primera de uranio
Huemul no es un proyecto que arranca de cero. El distrito se organiza alrededor de la histórica mina del mismo nombre, que fue la primera mina de uranio en producción de la Argentina: operó entre 1955 y 1975 bajo control directo de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), y durante esas dos décadas procesó cerca de 130.000 toneladas de mineral en una planta instalada en Malargüe. Las leyes históricas registradas en ese período —0,21% de uranio, 2,0% de cobre y 0,11% de vanadio— confirman el carácter polimetálico del distrito y funcionan hoy como punto de referencia, aunque no como garantía, para lo que pueda confirmar la exploración moderna.
Según indicó la propia empresa, el cierre de la mina en 1975 no respondió a un agotamiento geológico del yacimiento ni a problemas técnicos, sino a las condiciones de mercado de aquel momento, marcadas por precios internacionales del uranio demasiado bajos como para sostener la operación. Medio siglo después, ese escenario de precios se invirtió: el uranio atraviesa, según coinciden distintos análisis del sector, su mejor momento desde la década de 1970, impulsado por la crisis energética europea, la reactivación de reactores nucleares en varios países y los planes de construcción de nueva capacidad atómica a nivel global.
El otro hallazgo: una tendencia mineralizada en el sector Uryco
Más allá de la confirmación de mineralización en el área de la mina histórica, la campaña arrojó un dato adicional en el sector Uryco, al sur de la propiedad: los geólogos de la compañía detectaron indicios de una tendencia mineralizada todavía no delimitada con precisión, que se suma a los múltiples prospectos de exploración que existen dentro del paquete de concesiones y que nunca fueron evaluados con metodología moderna. Ese es, justamente, uno de los puntos que la propia Jaguar destaca sobre Huemul: a diferencia de un proyecto completamente virgen, acá existe una base de información geológica de varias décadas que reduce parte del riesgo exploratorio inicial.
El plan de trabajo de la compañía está organizado en fases. La primera, ya en marcha, apunta a verificar los datos históricos y construir un modelo geológico actualizado del distrito. La segunda fase, de prospección a escala distrital, buscará confirmar y delimitar con mayor precisión la extensión real de la mineralización de uranio, cobre y vanadio en toda el área de concesión, a partir de lo que arroje la primera etapa.
Qué representa Huemul dentro de la estrategia de Jaguar Uranium
Jaguar Uranium completó su oferta pública inicial en la Bolsa de Nueva York en febrero de este año, y Huemul es uno de sus activos centrales en Sudamérica, junto a otro proyecto de uranio que la compañía desarrolla en Chubut. En marzo, la empresa firmó un Acuerdo de Colaboración con el Ministerio de Energía y Ambiente de Mendoza, que establece un marco de cooperación que incluye asistencia técnica en estudios geológicos, ambientales, legales, de ingeniería y financieros, además de intercambio estructurado de información entre el organismo provincial y la compañía.
Ese convenio no es un dato menor para entender el atractivo financiero del proyecto. Según indicó la propia Jaguar, Huemul podría calificar para financiamiento bajo el Instrumento Marco entre Estados Unidos y Argentina para el Acuerdo de Suministro de Minerales Críticos, en la medida en que el uranio, el cobre y el vanadio figuran entre los minerales considerados estratégicos por ese esquema bilateral. Para que ese financiamiento se concrete, la compañía deberá primero completar y presentar un Estudio de Referencia Ambiental ante las autoridades mendocinas, paso previo obligatorio para avanzar con las siguientes etapas de exploración de campo, incluido el muestreo de superficie más extenso y la eventual perforación.
Por qué el vanadio importa, más allá del uranio
Si el uranio concentra la atención mediática del proyecto por su asociación directa con la energía nuclear, el vanadio aporta un ángulo distinto y menos conocido. Las baterías de flujo redox de vanadio se usan, principalmente, para almacenamiento de energía a gran escala asociado a parques solares y eólicos: a diferencia de las baterías de litio, ofrecen una vida útil más larga —algunas tecnologías superan los 15.000 ciclos de carga— y no pierden capacidad de almacenamiento con el paso del tiempo, aunque su densidad energética es menor. Cerca del 90% de la producción mundial de vanadio se destina hoy a la fabricación de acero de alta resistencia, lo que vuelve al mercado del metal particularmente sensible a la demanda de la industria siderúrgica global, más que a la del sector energético.
Para que Huemul se convierta en algo más que una promesa geológica con buen historial, el camino que falta recorrer es largo: confirmación de leyes en laboratorio, delimitación de recursos, estudio de factibilidad y, recién después, una eventual decisión de inversión. Pero el cruce de tres minerales considerados críticos en un mismo distrito, con infraestructura histórica y un marco de cooperación provincial ya firmado, es precisamente el tipo de combinación que hoy busca el capital minero internacional en sus apuestas tempranas.



