COMPETITIVIDAD

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Más allá del impacto de la guerra en Medio Oriente, el GNC aumentó más que la nafta en lo que va del año

Ambas están afectadas por el conflicto, aunque se acomodan a ritmos distintos. El GNC ya tiene pautada una suba del 15% antes del invierno.

Evolución de precios_ Nafta vs GNC
creada por IA

En un contexto de suba de los combustibles a nivel global por la escalada del conflicto en Medio Oriente, el mercado local muestra una dinámica particular: la nafta no perdió, al menos todavía, competitividad frente al GNC, e incluso la brecha entre ambos combustibles se redujo respecto de fines de 2025.

Aunque el encarecimiento del petróleo comenzó a trasladarse a los surtidores —con aumentos que se aceleraron en marzo—, el Gas Natural Comprimido ya había registrado fuertes incrementos en los primeros meses del año, lo que amortiguó el impacto relativo sobre los combustibles líquidos.

De acuerdo con los precios relevados en estaciones de servicio, la nafta súper pasó de valores en torno a $1.55 por litro en enero a ubicarse por encima de $1.70 en marzo, acumulando subas cercanas al 10% en el primer trimestre. Sin embargo, el GNC mostró una dinámica más abrupta: tras el reacomodamiento de precios de comienzos de año, el metro cúbico saltó de la zona de $650–$700 a niveles cercanos a $900, con picos incluso superiores en algunos casos.

El resultado fue una modificación en la relación de precios. Mientras que hacia fines de 2025 el GNC representaba cerca del 45% del valor de la nafta, en la actualidad se ubica en una franja de entre el 50% y el 55%. En términos prácticos, esto implica que, si bien el gas sigue siendo más económico, la ventaja relativa se achicó.

Ajustes distintos, impacto similar

La diferencia en la evolución responde a la propia estructura de formación de precios. La nafta sigue de cerca la cotización internacional del crudo y los ajustes impositivos, lo que deriva en incrementos más frecuentes pero moderados. En cambio, el GNC depende en gran medida del precio del gas en boca de pozo y de contratos que se actualizan de manera periódica, lo que suele generar saltos más bruscos.

En ese marco, el fuerte ajuste del gas a comienzos de 2026 —en línea con la recomposición del sector energético— tuvo un impacto directo en los surtidores, adelantándose al efecto que ahora empieza a sentirse en los combustibles líquidos por la tensión internacional.

En paralelo, el precio internacional del gas muestra una tendencia al alza por la tensión geopolítica. A diferencia de la nafta —que, aunque se produce localmente, sigue de cerca las referencias internacionales—, el impacto sobre el GNC es más limitado por su mayor desacople y el peso de la producción doméstica. De todos modos, un encarecimiento sostenido del GNL podría generar presiones indirectas, sobre todo en momentos de alta demanda, en un contexto en el que Argentina además proyecta avanzar en exportaciones de gas en los próximos años.

Un escenario abierto, pero con señales

El interrogante hacia adelante es si la escalada en Medio Oriente profundizará la suba de la nafta y volverá a ampliar la brecha a favor del GNC. Por ahora, la respuesta es incierta.

El comportamiento del petróleo está atado a variables geopolíticas difíciles de proyectar, por lo que los efectos de la guerra siguen siendo impredecibles en términos de precios internacionales y su traslado al mercado local.

Sin embargo, en el caso del GNC hay señales más concretas. El sector ya tiene pautado un nuevo ajuste relevante para los próximos meses —en torno al 15%—, en línea con la actualización del precio del gas y la estacionalidad del sistema, que suele tensionarse en invierno.

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Estaciones de servicio de distintos puntos del país suspendieron por 24 horas el suministro de GNC.

Estaciones de servicio de distintos puntos del país suspendieron por 24 horas el suministro de GNC.

Cambios regulatorios y nuevas variables en juego

A este escenario se suma un factor adicional que introduce mayor complejidad. Los recientes cambios en el sistema de transporte de gas impulsados por el Gobierno abren la puerta a una mayor utilización de gas de menor costo, principalmente proveniente de Vaca Muerta, lo que podría mejorar la ecuación económica del GNC.

Sin embargo, se trata de un proceso en transición, vinculado a la renegociación de contratos de abastecimiento y a la implementación de un nuevo esquema operativo. En ese contexto, el eventual traslado de menores costos a los surtidores no es inmediato ni está garantizado.

Por el contrario, en el corto plazo conviven fuerzas contrapuestas: por un lado, la expectativa de una mejora estructural en los costos del gas; por otro, las subas ya aplicadas y los ajustes previstos que continúan presionando al alza los precios del GNC.

Competitividad bajo presión

Con este panorama, en el corto plazo resulta poco probable que el GNC recupere terreno frente a la nafta. Aun cuando los combustibles líquidos puedan seguir ajustándose por el contexto externo, el gas ya arrastra aumentos significativos y enfrenta nuevas subas en el horizonte inmediato.

De este modo, el diferencial que históricamente posicionó al GNC como la alternativa más económica para el transporte se mantiene, pero con menor margen. La ecuación sigue siendo favorable, aunque menos contundente que en años anteriores.

En definitiva, la evolución de 2026 marca un cambio relevante: el GNC continúa siendo más barato, pero dejó de ampliar su ventaja, en un escenario donde los precios de la energía —tanto locales como internacionales— vuelven a moverse al ritmo de factores cada vez más inciertos y, en algunos casos, contrapuestos.

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