Salta y Tucumán en alerta: la industria puede quedarse sin gas 80 días este invierno por obras inconclusas

Flavia Troyón, ex secretaria de Energía de la Nación, señaló que la reversión del Gasoducto Norte sigue incompleta y que ambas provincias enfrentan una reducción del 35% en el suministro industrial.

El suministro de gas desde Bolivia se ve afectado.

El suministro de gas desde Bolivia se ve afectado.

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El invierno 2026 llega al noroeste argentino con una amenaza concreta: la industria de Salta y Tucumán podría enfrentar cortes de gas durante hasta 80 días en los meses de mayor demanda. La advertencia no provino de un dirigente empresarial ni de un senador opositor, sino de Flavia Royón, ex secretaria de Energía de la Nación, en una entrevista con Infobae.

Royón fue precisa en el diagnóstico. La demanda residencial —hogares, hospitales, escuelas y comercios— está protegida por su condición de prioridad en el esquema de abastecimiento. Pero la industria queda en un lugar de alta vulnerabilidad: cuando los días de frío extremo obliguen a priorizar ese consumo, el sector productivo de la región será el primero en perder suministro. Y los números que maneja la actual senadora por Salta son contundentes: ese escenario podría repetirse a lo largo de aproximadamente 80 jornadas del período invernal.

Una obra que lleva tres años sin terminarse

El origen del problema tiene fecha y nombre propio. La reversión del Gasoducto Norte es la obra que debería permitir transportar gas desde Vaca Muerta hacia el norte del país, reemplazando el flujo que históricamente venía desde Bolivia. Ese gasoducto, que transportaba gas boliviano y de la Cuenca Noroeste hacia el centro del país, necesitaba invertir su sentido de circulación ante una realidad que ya era previsible desde 2023: Bolivia comenzó a incumplir su contrato de exportación con Argentina, y los envíos regulares terminaron cesando.

El gasoducto troncal que debía hacer posible esa reconversión —el denominado Perito Moreno, anteriormente Néstor Kirchner— se completó en julio de 2023. Pero la reversión completa exige más que un ducto: requiere la adecuación de plantas compresoras en puntos clave del trazado para cambiar efectivamente el sentido del flujo. Esas plantas, según explicó Royón, llevan más de un año de retraso sobre los plazos originales. "El plan original era para el invierno del 2024, después fue el invierno de 2025 y en 2026 aún no ha podido ser terminado", sintetizó la ex funcionaria.

La adecuación de las plantas compresoras continúa virtualmente paralizada por un conflicto con la contratista Esuco, que le reclama a Enarsa una deuda millonaria por certificados de obra impagos. La situación contractual irresuelta es uno de los factores que mantiene frenada la obra en el tramo más crítico.

El impacto de la Resolución 66 y la caída de la cuenca

La falta de infraestructura terminada no es el único factor en juego. La Resolución Nº 66/2026 de la Secretaría de Energía, publicada en el Boletín Oficial el 13 de marzo, establece la reconfiguración del sistema de transporte de gas natural en el marco de la Emergencia Energética prorrogada por el Decreto Nº 49/2026, y reconoce los cambios estructurales que modificaron los flujos históricos: el auge de Vaca Muerta desplazó el eje productivo hacia el sur, mientras la Cuenca Noroeste entró en declive y cesaron los envíos desde Bolivia.

El resultado práctico de esa reconfiguración es una reducción drástica del gas disponible para la industria regional. Según la Unión Industrial de Tucumán, a partir del 1º de mayo de 2026 la provisión cayó un 35%, pasando de 4,99 millones de metros cúbicos diarios a solo 3,22 millones. Esa merma, combinada con la incapacidad de transportar volúmenes adicionales desde el sur por la falta de plantas compresoras operativas, configura el escenario que Royón describió con precisión: cuando el frío apriete, no habrá margen para abastecer a todos.

Las cámaras empresariales advierten además que mientras industrias radicadas en el centro del país acceden a gas a valores cercanos a los 3 dólares por millón de BTU, en el norte los costos podrían multiplicarse casi por diez, producto de la necesidad de recurrir a importaciones de emergencia.

Industrias estacionales en el peor momento posible

Royón señaló un agravante que vuelve la situación especialmente crítica para el perfil productivo de la región: el norte argentino concentra industrias de carácter estacional que no pueden simplemente pausar su actividad ante un corte de suministro. La zafra azucarera y la producción cerámica son los dos casos más representativos. En el caso de la cerámica, calentar un horno desde cero demora al menos diez días, lo que hace que una interrupción imprevista del gas no sea solo un problema de costos sino de viabilidad productiva.

Ante ese panorama, Royón indicó que la industria de la región ya está evaluando si conviene no arrancar la temporada productiva. "Hoy la industria del norte se está planteando la conveniencia de no trabajar, porque los días de probabilidad de corte son demasiados", afirmó. Es una señal de alarma difícil de ignorar: cuando las empresas calculan que es menos costoso parar que arrancar, el problema de infraestructura se convierte en un problema económico de primera magnitud.

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Obra de infraestructura energética en la Patagonia argentina bajo el RIGI.

Obra de infraestructura energética en la Patagonia argentina bajo el RIGI.

El contraste con el potencial energético del país

Royón también cuestionó el nuevo esquema impulsado por el Gobierno nacional, donde el Estado reduce su participación en la coordinación del abastecimiento y deja las negociaciones en manos de privados. Según sostuvo, esa decisión genera incertidumbre tanto en los precios como en la garantía de suministro para el norte argentino.

La paradoja que subyace a toda esta crisis es de una ironía difícil de soslayar: Argentina tiene en Vaca Muerta una de las reservas de gas no convencional más grandes del mundo, con producción creciente y capacidad exportadora en expansión. Pero ese gas no llega al norte del país en volumen suficiente porque la infraestructura de transporte que debería conectar ambos extremos del mapa energético lleva tres años sin terminarse, atrapada entre disputas contractuales, cambios de gestión y decisiones que sus propios impulsores describen como errores de planificación.

Argentina ya tuvo que retomar la compra de emergencia de gas a Bolivia para evitar cortes en la generación térmica del norte, ante la imposibilidad física de transportar el gas neuquino hacia esa región por la falta de plantas compresoras y tramos de ductos. Es decir, el país paga importaciones de emergencia para resolver una crisis que podría haberse evitado con obras que ya estaban en marcha y financiadas. Ese es el costo real de la demora: no solo industrial, sino fiscal y geopolítico.

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