Otra vez sopa: por el frío, limitan la venta de GNC en las estaciones de servicio de AMBA

Naturgy y Metrogas restringieron el suministro interrumpible de GNC a estaciones de servicio e industrias por la ola de frío. No hay fecha de levantamiento.

Estación de servicio de GNC de YPF.

Estación de servicio de GNC de YPF.

YPF

Hay una paradoja que se repite cada invierno y que cada vez cuesta más explicar: la Argentina produce más gas que nunca, exporta a niveles récord, y sin embargo el termómetro en baja alcanza para que un taxista no pueda llenar el tanque en una estación del AMBA. Esa paradoja volvió a hacerse visible este martes. Las distribuidoras Naturgy y Metrogas resolvieron restringir, desde las 6 de la mañana, la venta de gas natural comprimido en las estaciones de servicio del Área Metropolitana de Buenos Aires, ante una nueva ola de frío polar que tensiona la red de gasoductos.

La medida no es ambigua en sus términos. Se suspendió "hasta nuevo aviso" el suministro interrumpible tanto en surtidores como en industrias, lo que en la práctica significa que las estaciones solo pueden despachar GNC hasta el cupo que tienen garantizado por contrato firme. Todo el volumen adicional, el que dependía de la modalidad más barata pero menos segura, quedó cortado. Vender por encima de ese límite tiene una multa diseñada para que a nadie le convenga intentarlo: el equivalente al valor de un litro de nafta súper por cada metro cúbico excedido, una penalidad que borra cualquier margen comercial.

Es el tercer episodio de este tipo en lo que va del año, lo que empieza a desdibujar la idea de que se trata de algo excepcional. La lógica detrás del corte es siempre la misma: el sistema nacional de despacho prioriza primero la demanda residencial, hospitales y escuelas -lo que el sector llama "demanda prioritaria"- y recién después, si queda margen de presión en la red, atiende a estaciones de servicio e industrias con contratos interrumpibles, que pagan una tarifa más baja a cambio de aceptar justamente este tipo de cortes.

El gas que no se puede guardar para después

A diferencia del petróleo o la nafta, el gas natural tiene una característica que explica buena parte de este problema: no se almacena. Una vez que se extrae y se inyecta al gasoducto, hay que consumirlo en el momento o se pierde. Eso significa que toda la planificación de producción se hace mirando la demanda esperada, y que el pico de extracción de invierno no puede sostenerse durante el resto del año ni recuperarse más adelante si algo falla en el camino.

El problema, según explicó el vicepresidente de la Cámara de GNC, Oscar Olivero, no está en cuánto gas se produce sino en cuánto se puede transportar. La Argentina dispone de una capacidad de transporte de 120 millones de metros cúbicos diarios, un volumen que durante ocho o nueve meses del año resulta más que suficiente. El problema aparece en invierno, cuando la demanda residencial -que en un escenario normal representa apenas un 14% del consumo total- puede dispararse hasta el 60% o el 70% cuando el frío aprieta con fuerza. Ese salto absorbe toda la capacidad disponible de los gasoductos y deja a estaciones de GNC e industrias compitiendo por lo que queda.

El impacto territorial, además, no es uniforme. En el AMBA y la Ciudad de Buenos Aires, más del 90% de las estaciones cuenta con contratos firmes, así que el corte del interrumpible apenas se percibe. La foto cambia drásticamente en la provincia de Buenos Aires: en La Plata, según relevó LA NACION, solo seis de las 46 estaciones de GNC tienen garantía de suministro en días de frío intenso, lo que se traduce en colas largas y cortes que sí se notan en la vida cotidiana de quien depende del gas para trabajar.

Los barcos que todavía hacen falta, aun con Vaca Muerta récord

La salida de corto plazo para este tipo de episodios sigue pasando, paradójicamente, por el mar. Olivero detalló que durante junio van a ingresar al país ocho barcos de GNL, y que para julio están previstos otros ocho más. Ese gas llega comprimido en buques y necesita pasar por un proceso de regasificación en la planta de Zárate antes de poder inyectarse al sistema, un trámite que, según el propio referente del sector, puede demorar entre una semana y diez días desde que el barco atraca.

La necesidad de seguir importando convive, sin contradicción real, con el otro dato que domina la conversación energética de esta semana: el rubro combustibles y energía alcanzó en mayo un valor exportador histórico de US$1.745 millones, con una suba interanual del 167,1%, y la balanza energética cerró el mes con el mayor superávit de su historia. La producción de Vaca Muerta nunca fue mayor. Lo que todavía no está resuelto es la cañería: la red de transporte no tiene capacidad suficiente para mover, en los días más fríos, todo el gas que se necesita desde las cuencas productoras del sur hasta los centros de consumo del área metropolitana y el norte del país.

Hay una tendencia de fondo que, con el tiempo, viene corrigiendo ese desbalance: en 2013, el pico histórico de importaciones, la Argentina compró 103 buques de GNL; en 2025 bastaron 24. La ampliación del gasoducto Perito Moreno, que ejecuta TGS, debería seguir reduciendo esa dependencia en los próximos inviernos. Pero esa obra avanza en años, y el frío polar de esta semana no le da ese margen de tiempo a nadie: mientras la cañería todavía no alcanza, las estaciones de GNC del AMBA van a seguir despachando solo lo que el contrato firme les garantiza, ola tras ola.

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