El petróleo vuelve a superar los US$90: Vaca Muerta vuela (y el surtidor carretea)
El Brent volvió a instalarse por encima de los US$90 ante la falta de una salida al conflicto con Irán y las restricciones en el estrecho de Ormuz.
El petróleo volvió a jugar a favor de Vaca Muerta y en contra del bolsillo de los automovilistas. El Brent se negociaba este miércoles en torno de los US$91,20 por barril, después de alcanzar su mayor nivel desde fines de julio, mientras el WTI estadounidense rondaba los US$85.
Detrás de la nueva escalada aparece otra vez Medio Oriente. Las negociaciones entre Estados Unidos e Irán no muestran avances y persiste la incertidumbre sobre el estrecho de Ormuz, una vía estratégica por la que en condiciones normales circula alrededor de una quinta parte del petróleo y el gas mundial.
Donald Trump aseguró que el estrecho está abierto, mientras Teherán sostiene lo contrario. Más importante para el mercado: buena parte de los armadores comerciales continúa evitando la zona. La consecuencia es que la prima de riesgo geopolítico volvió a instalarse con fuerza en la cotización del crudo.
La recuperación fue veloz. Después de varias jornadas en las que las expectativas de una salida diplomática habían relajado las cotizaciones, el Brent cerró el lunes en US$90,87 y el martes en US$91,02. Este miércoles volvió a moverse por encima de esa referencia.
Vaca Muerta, cada vez mejor parada
Para la Argentina, un barril por encima de US$90 tiene un impacto muy diferente al que hubiera tenido algunos años atrás.
Vaca Muerta está produciendo volúmenes récord y, sobre todo, comenzó a dejar atrás uno de sus principales cuellos de botella: la capacidad para transportar el petróleo hasta los puertos.
Las ampliaciones de Oldelval y Puerto Rosales ya permitieron aumentar las exportaciones y el Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) promete llevar ese salto a otra escala cuando entre en funcionamiento. A eso se suma una cartera de inversiones que apunta a seguir incrementando la producción neuquina durante los próximos años.
Cada dólar adicional que gana el barril internacional tiene así una incidencia creciente sobre el ingreso de divisas del país.
La diferencia es sustancial respecto de anteriores ciclos de petróleo caro. Argentina todavía importa determinados combustibles y derivados, pero el crecimiento de Vaca Muerta convirtió al sector energético en generador neto de dólares. En 2025, la balanza energética dejó un superávit de US$7.815 millones y durante 2026 esa tendencia se profundizó.
Un Brent sostenido alrededor de US$90 mejora los márgenes de las petroleras, acelera el recupero de las inversiones y eleva el valor de las exportaciones. Para una industria que proyecta multiplicar su capacidad de evacuación durante los próximos años, es un escenario prácticamente ideal.
La baja de las naftas que empieza a quedar en el olvido
El problema está del otro lado de la cadena. Hace apenas unas semanas, cuando el Brent había retrocedido hacia la zona de los US$70, comenzó a aparecer una posibilidad poco frecuente en la Argentina: que las petroleras tuvieran margen para bajar el precio de los combustibles.
La explicación estaba en el denominado “buffer”. Durante el salto internacional provocado por la guerra, las compañías no trasladaron inmediatamente toda la suba del petróleo a los surtidores. Los precios domésticos quedaron temporalmente desacoplados del Brent y posteriormente fueron recuperando terreno.
Pero cuando el petróleo cayó, ocurrió el fenómeno inverso: las naftas argentinas quedaron relativamente caras frente a la referencia internacional.
Ese colchón abría espacio para que una estabilización del Brent permitiera mantener e incluso reducir los precios domésticos durante el segundo semestre, algo que además hubiera colaborado con el proceso de desinflación.
Un informe de la consultora 1816 había advertido precisamente ese fenómeno. Con el Brent cerca de US$70, existía margen para una reducción. Cuando el crudo volvió hacia US$85, esa diferencia prácticamente había desaparecido y la nafta argentina ya no lucía cara en relación con la referencia internacional.
Con el Brent ahora por encima de US$90, aquella expectativa de baja empieza directamente a quedar en el olvido.
Del colchón a una nueva presión
Eso no significa necesariamente que las petroleras vayan a trasladar inmediatamente toda la diferencia a los surtidores. El mercado argentino viene administrando los movimientos de precios y el Gobierno, además, continúa utilizando el diferimiento parcial de los impuestos a los combustibles como otra herramienta para moderar las subas.
Pero la ecuación cambió. El buffer que meses atrás servía para absorber parte del shock internacional fue consumiéndose a medida que el Brent recuperó terreno. Si la cotización permanece por encima de US$90 —o vuelve a acercarse a los tres dígitos—, la discusión dejará de ser cuánto pueden bajar las naftas y volverá a concentrarse en cuánto del aumento internacional terminará trasladándose al consumidor.
La presión no termina en el automovilista. El gasoil es uno de los principales componentes de los costos del transporte de cargas y cualquier incremento termina irradiándose hacia logística, alimentos y otros bienes. Durante 2026, además, el combustible ya acumuló aumentos importantes pese a los mecanismos utilizados para amortiguar el impacto del conflicto internacional.
