El Estrecho de Ormuz vuelve a arder: Estados Unidos bombardea Irán y el petróleo se dispara
Tres petroleros atacados, una licencia revocada y bombardeos de Estados Unidos reavivan el temor a un cierre del estrecho por donde pasa una quinta parte del crudo mundial.
El alto el fuego entre Estados Unidos e Irán, vigente desde junio tras casi cuatro meses de guerra, mostró este martes toda su fragilidad. En menos de 24 horas, tres petroleros fueron alcanzados por proyectiles en el estrecho de Ormuz -la garganta marítima por la que históricamente circulaba una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado que se comercia por mar-, y Washington respondió con bombardeos contra territorio iraní. El mercado no tardó en reaccionar: el Brent cerró con una suba del 3% y llegó a tocar los US$75 en operaciones posteriores al cierre.
La secuencia arrancó el lunes con un primer incidente frente a las costas de Omán y se aceleró el martes con dos ataques más. Entre los buques afectados figuraron un petrolero de bandera saudita y un metanero catarí que transportaba gas natural licuado, alcanzado —según Doha— por un dron. Ninguno de los tres reportó heridos, pero el mensaje quedó claro: la vía marítima que Irán había reabierto tras el acuerdo de junio volvía a ser un blanco.
Qatar y Arabia Saudita no dudaron en señalar a Teherán. El canciller catarí calificó el ataque contra su buque de "violación grave y explícita" del derecho internacional y sostuvo que Irán es "plenamente responsable, desde el punto de vista jurídico", de cualquier consecuencia derivada. Riad, por su parte, emitió la "más enérgica condena". Horas después, Estados Unidos ejecutó bombardeos contra Irán —descriptos por el Comando Central norteamericano como una respuesta para "imponer costos elevados" por atacar tripulaciones civiles en una vía internacional— y calificó la conducta iraní de "totalmente inaceptable".
Estados Unidos aprieta con sanciones
El otro golpe llegó desde el Departamento del Tesoro. La Oficina de Control de Activos Extranjeros revocó la licencia general que, desde el mes pasado, permitía la venta de petróleo iraní hasta el 21 de agosto como parte del entendimiento provisorio entre ambos países. Con la revocación, cualquier operación nueva de compra, carga o venta de crudo iraní queda prohibida desde este 7 de julio; solo se admite el cierre de contratos previos hasta el 17 de julio, y los pagos a entidades sancionadas deben depositarse en cuentas restringidas dentro de Estados Unidos.
El mensaje de fondo es que el memorando de entendimiento firmado en junio —que dejó para más adelante la discusión sobre el programa nuclear iraní— está atado al comportamiento de Teherán en el estrecho, no es un cheque en blanco. Un funcionario estadounidense lo resumió sin vueltas: las acciones iraníes "tendrán consecuencias". Del otro lado, el canciller iraní advirtió que las negociaciones para un acuerdo definitivo no van a continuar si persisten las amenazas de la administración Trump, lo que deja la mesa de diálogo en un equilibrio bastante más precario que el que mostraba apenas dos semanas atrás.
El precio del Brent no perdona
El Brent para entrega en septiembre subió 3,01% y cerró en US$74,16 por barril; el WTI avanzó 2,76% hasta los US$70,44. En el mercado extrabursátil, ya con la noticia de la revocación de la licencia digerida, el Brent llegó a US$75,12 y el WTI a US$71,49, más de un 4% por encima de los valores de la sesión previa. Para un mercado que llevaba semanas operando con la hipótesis de una desescalada sostenida —y que hacia fines de junio discutía si el petróleo podía perforar los US$60—, el salto reordena expectativas de un día para el otro.
Analistas del sector lo leen como una señal de fragilidad estructural más que como un episodio aislado: el mercado, dicen, está tan orientado a la baja que alcanzan pocos titulares para darlo vuelta. La pregunta que queda flotando es si Irán amenazará nuevamente con cerrar el estrecho —como hizo en distintos momentos desde febrero— o si esta vez la escalada se administra dentro de los márgenes que ambas partes toleraron hasta ahora.
El memorando de junio nació con una premisa simple: Estados Unidos levantaba el bloqueo naval y Teherán reabría el estrecho, mientras ambos países seguían negociando un cierre definitivo del conflicto. Esa arquitectura resiste, por ahora, pero cada nuevo incidente le agrega una fisura. Y con el líder supremo iraní recién sepultado en medio de una sucesión todavía incierta, la pregunta de quién controla realmente las decisiones en Teherán empieza a pesar tanto como el propio contenido del acuerdo. Ormuz no cerró. Todavía.
