Argentina gastará US$ 1.000 millones para importar GNL en invierno
La importación, que quedó en manos del sector privado, afectará principalmente a la industria y no al sector residencial
Los barcos gasíferos empezaron a escasear por el conflicto en el Golfo Pérsico
ShutterstockLa escalada del conflicto en Medio Oriente ya impacta de lleno en la cuenta energética argentina: el país podría destinar este invierno entre US$ 800 millones y US$ 1.200 millones para importar gas natural licuado (GNL), en un contexto de fuerte suba de los precios internacionales.
El cálculo surge de combinar el aumento del GNL —que tras la crisis geopolítica se ubica en torno a US$ 12 a US$ 18 por millón de BTU— con la necesidad de importar cerca de 20 cargamentos durante los meses de mayor demanda.
Con esos valores, cada barco —con capacidad de entre 3 y 3,5 millones de MMBtu— pasaría a costar entre US$ 40 millones y más de US$ 60 millones, dependiendo del momento de compra y las condiciones del mercado, en niveles sensiblemente más altos que los previstos a comienzos de año.
Un invierno clave para el nuevo esquema
Este año marca además el debut de un nuevo modelo para la importación de gas. A través de una resolución de la Secretaría de Energía, el Gobierno habilitó a empresas privadas a encargarse de la compra y comercialización del GNL, en reemplazo del esquema centralizado en el Estado.
El cambio implica que serán los propios actores del mercado los que deberán negociar contratos, asumir riesgos de precio y garantizar el abastecimiento, en un contexto de alta volatilidad global.
Enarsa publicó el 4 de marzo los pliegos para ese concurso nacional e internacional. La apertura de sobres está prevista para el 6 de abril. Pero a qué precio se comprará y, por consiguiente, cuál será el número en la comercialización es una incógnita que quema.
La escalada de conflicto a niveles insospechados de las últimas horas hace pensar en un escenario donde los barcos sean escasos, y los itinerarios terminan por modificarse en plena travesía al deseo del mejor postor.
Impacto en la industria
El crecimiento de la demanda en la temporada invernal afecta principalmente al sector industrial y a las estaciones de GNC que tienen servicio interrumpible, justamente en función de los picos de demanda. En principio, no debería afectar al sector residencial. A los hogares, en última instancia, los efectos le llegarán por la aceleración del proceso inflacionario.
Qué tan crudo resulte el invierno que se avecina es un dato trascendente pero tan incierto como el devenir del conflicto internacional. Así las cosas, el pobre nivel de actividad industrial del país puede terminar por ser un alivio en este sentido.
Mucho más caro que en años recientes
El escenario actual contrasta con lo ocurrido en los últimos inviernos. En 2023 y 2024, con precios internacionales más moderados, los cargamentos de GNL llegaron a ubicarse en torno a US$ 25 a US$ 35 millones por barco, prácticamente la mitad de los valores actuales.
La diferencia es aún más marcada si se la compara con algunos períodos de la última etapa kirchnerista, cuando la Argentina llegó a pagar precios elevados por el GNL en un contexto de alta dependencia importadora, pero con un esquema en el que el Estado absorbía gran parte del costo vía subsidios.
Hoy, la combinación de precios internacionales en alza y un esquema más orientado al mercado configura un escenario distinto: el costo sigue siendo alto, pero con un reparto de riesgos en proceso de cambio.
Dependencia que persiste
Más allá del crecimiento de la producción en Vaca Muerta, la Argentina sigue necesitando importar gas en invierno por limitaciones en la infraestructura de transporte.
Eso la obliga a salir al mercado internacional en los momentos más caros, quedando expuesta a shocks como el actual, donde la geopolítica vuelve a jugar un rol central en la formación de precios.
El horizonte: exportar GNL
A mediano plazo, el país busca revertir esta dinámica. Con proyectos de licuefacción en marcha, la Argentina apunta a convertirse en exportador de GNL hacia fines de la década.
De concretarse, el cambio sería estructural: pasaría de importar gas caro en invierno a venderlo a precios internacionales en el mercado global. Pero hasta que esa transición se consolide, cada invierno seguirá dependiendo de barcos que, este año, llegan con una factura mucho más alta.

