El bloqueo del Estrecho de Ormuz ya llevó al brent sobre los USD 100 y vuelve la tensión
La situación en el Estrecho de Ormuz ante el cierre de EE.UU. y las posibles represalias de Irán pone en alerta a los mercados y abre interrogantes sobre el impacto en los combustibles en Argentina.
El Estrecho de Ormuz es mucho más que un punto geográfico: es el principal cuello de botella del sistema energético global. Por allí circula aproximadamente el 20% del petróleo comercializado en el mundo, además de grandes volúmenes de gas natural licuado (GNL). Cualquier alteración en su funcionamiento genera un impacto inmediato en los mercados, que reaccionan no solo ante hechos concretos sino también ante expectativas de riesgo.
En las últimas horas, la escalada de tensiones volvió a poner en duda la normal circulación de buques petroleros. Incluso sin un cierre total, la amenaza de restricciones alcanza para impulsar subas en el precio del crudo. Hoy, el barril de Brent —referencia internacional— ya superó los US$ 100, con fuerte volatilidad intradiaria impulsada por la incertidumbre geopolítica.
Alta volatilidad
El efecto potencial es significativo. Una interrupción prolongada en Ormuz podría retirar del mercado varios millones de barriles diarios, algo difícil de compensar en el corto plazo. Países como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Irán dependen de ese paso para exportar su producción, lo que convierte al estrecho en un punto crítico para el equilibrio global.
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En este escenario, los mercados energéticos entran en una fase de alta volatilidad. El petróleo funciona como referencia para múltiples cadenas de valor, por lo que su encarecimiento impacta en costos logísticos, inflación y actividad económica. El shock no queda limitado al sector energético: se propaga al conjunto de la economía.
Impacto local
En Argentina, el impacto tiene particularidades propias. Si bien el país incrementó su producción gracias al desarrollo de Vaca Muerta, los precios de los combustibles siguen teniendo como referencia el mercado internacional. Esto implica que subas sostenidas del crudo tienden, tarde o temprano, a trasladarse al surtidor.
Sin embargo, en el corto plazo aparece un factor clave: la decisión de YPF de mantener los precios de los combustibles a salvo de las variaciones del brent por 45 días. Esta medida busca desacoplar temporalmente el mercado local de la volatilidad internacional, evitando un traslado inmediato de las subas del petróleo a la nafta y el gasoil.
El congelamiento introduce una tensión adicional. Por un lado, protege al consumidor frente a un shock externo; por otro, genera presión sobre los márgenes de las refinadoras si el precio internacional del crudo continúa en alza. En ese caso, el ajuste no desaparece: simplemente se posterga.
A esto se suman variables locales como el tipo de cambio, la carga impositiva y la política energética del Gobierno, que terminan definiendo el ritmo y la magnitud de los aumentos cuando se normaliza el esquema de precios.
En definitiva, lo que ocurre en el Estrecho de Ormuz vuelve a exponer la interdependencia del sistema energético global. Aun con mayor producción local, Argentina no es inmune a los shocks internacionales. El congelamiento de precios puede amortiguar el impacto en el corto plazo, pero la dinámica del petróleo seguirá siendo un factor determinante para el futuro de los combustibles en el país.
