Las razones de la decisión de Ford para dejar de producir la versión eléctrica de su camioneta más vendida
La empresa automotriz anunció que discontinuará la F-150 Lightning. De cara al futuro, ampliará su oferta de híbridos y avanzará hacia la tecnología EREV,
Ford deja de producir la F-150 Lightning.
La decisión de Ford de discontinuar la producción de la F-150 Lightning, la versión 100% eléctrica de su pick up más icónica, no fue un volantazo aislado sino la consecuencia de un cambio profundo en el mercado automotor global. La transición hacia la electromovilidad avanzó mucho más lento de lo previsto y obligó a la automotriz a recalibrar su estrategia.
Durante los últimos años, las principales terminales apostaron fuerte por los vehículos eléctricos, impulsadas por subsidios estatales, regulaciones ambientales estrictas y proyecciones de ventas muy optimistas. Sin embargo, ese escenario comenzó a desdibujarse: el precio de las baterías no bajó al ritmo esperado, los incentivos a la compra se recortaron y la demanda mostró signos claros de estancamiento, incluso en mercados clave como Estados Unidos y China.
En ese contexto, Ford confirmó que dejará de fabricar la F-150 Lightning y asumirá un impacto económico cercano a los US$ 19.800 millones por la cancelación de proyectos eléctricos y la reconversión de plantas. La noticia sorprendió por el peso simbólico del modelo, pero fue bien recibida por el mercado financiero, que interpretó la decisión como un paso necesario para recuperar rentabilidad.
El principal factor de la decisión de Ford
El principal factor detrás de la decisión fue la brecha entre las expectativas y la realidad de las ventas. En Estados Unidos, el mercado de vehículos eléctricos se contrajo alrededor de un 5% y el segmento de modelos de alta gama —con precios superiores a los US$ 50.000— fue el más golpeado.
La F-150 Lightning, con valores que en algunos casos superaban los USD 70.000, no logró captar el volumen necesario para sostener su producción.
A esto se sumó el cambio en el marco regulatorio. La reducción de subsidios a los autos eléctricos en EE.UU. y la señal de la Unión Europea de flexibilizar los plazos para abandonar los motores térmicos restaron previsibilidad a las inversiones de largo plazo. Para Ford, insistir con un producto costoso y de baja rotación implicaba seguir acumulando pérdidas en su división de vehículos eléctricos.
El giro hacia camionetas híbridas y autonomía extendida
Lejos de abandonar la electrificación, la compañía optó por un enfoque más pragmático. Ford mantendrá y ampliará su oferta de híbridos y avanzará hacia la tecnología EREV (vehículos eléctricos de rango extendido), que combina baterías con un motor a combustión que actúa como generador. Este esquema permite mantener buena parte de la conducción eléctrica, pero elimina la ansiedad por la autonomía, un punto crítico para los usuarios de pick ups.
La estrategia se apoya en un dato contundente: en algunos meses, las versiones híbridas de la F-150 ya representan cerca del 30% de las ventas. Para la marca, ese comportamiento del consumidor marca con claridad hacia dónde se mueve la demanda real, especialmente en un país donde las camionetas se usan para recorrer largas distancias, remolcar cargas pesadas y trabajar en zonas con infraestructura eléctrica limitada.
El replanteo también tiene un fuerte componente industrial. Plantas que habían sido pensadas como emblemas de la electrificación total, como Blue Oval City en Tennessee, ahora se reconvertirán para producir vehículos híbridos y de combustión, más accesibles y con mayor volumen potencial. El objetivo es preservar empleo, mejorar márgenes y evitar activos ociosos.
