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La megafábrica canadiense que reconvierte baterías usadas de autos eléctricos en sistemas BESS

Moment Energy completó en Vancouver, en apenas seis semanas, la planta de reacondicionamiento de baterías más grande del mundo,para alimentar centros de datos y redes eléctricas.

El boom de los autos eléctricos trajo consigo un problema que recién ahora empieza a tomar forma concreta: qué hacer con las baterías que, después de algunos años de uso, ya no rinden lo suficiente como para mover un vehículo. Un estudio de 2023 proyectaba un millón de packs retirados a nivel mundial para 2030 y casi el doble para 2040, mientras que la Agencia Internacional de Energía estima que entre 2030 y esa fecha se darán de baja entre 100 y 120 gigavatios-hora (GWh) de baterías de autos eléctricos —una cantidad equivalente a toda la producción anual actual del rubro—.

La respuesta más instalada en el sentido común es el reciclaje: desarmar la batería y recuperar litio, níquel, cobalto, cobre y grafito para fabricar celdas nuevas. Pero existe una etapa intermedia, cada vez más relevante para la industria, que permite extraer mucho más valor antes de llegar a ese punto: darles una segunda vida. La empresa canadiense Moment Energy construyó, en Vancouver y en apenas seis semanas, lo que describe como la planta de reacondicionamiento de baterías más grande del mundo, con el objetivo de transformar esas unidades retiradas de los autos en sistemas de almacenamiento energético a escala industrial.

La compañía, fundada en 2020, ya contaba con sistemas operando en centros de datos, hospitales, fábricas y microrredes de Norteamérica antes de esta expansión. La nueva planta, bautizada Megafactory 1, fue anunciada en mayo y quedó completamente operativa hacia fines de junio: testeo, reacondicionamiento y despacho de los equipos se concentran en un único predio, lo que evita los costos logísticos de tener esas etapas distribuidas en distintas ubicaciones. El proyecto se financió con una ronda de capital Serie B por US$40 millones, que llevó el total recaudado por la compañía a más de US$100 millones.

Por qué una batería "agotada" todavía sirve

Una de las confusiones más extendidas sobre las baterías de autos eléctricos es asumir que, cuando se retiran del vehículo, ya no tienen utilidad. En realidad, un auto eléctrico suele cambiar su batería cuando esta cae a entre el 70% y el 80% de su capacidad original —porque ya no garantiza la autonomía ni la potencia que exige circular en ruta—, pero ese nivel de carga sigue siendo perfectamente válido para aplicaciones que no requieren aceleraciones bruscas ni picos constantes de potencia.

Ahí es donde entra el almacenamiento estacionario, conocido en la jerga del sector como BESS (Battery Energy Storage System, o sistema de almacenamiento de energía en baterías). En lugar de impulsar un vehículo, esas mismas celdas pueden seguir cumpliendo una función simple pero crítica: acumular electricidad cuando sobra —por ejemplo, en horas de alta generación solar o eólica— y devolverla a la red cuando hace falta. Para esa tarea, la mayoría de las baterías retiradas todavía rinde de manera eficiente durante varios años más, antes de que tenga sentido enviarlas al circuito de reciclaje propiamente dicho.

Moment Energy no fabrica baterías nuevas desde cero: recupera módulos ya existentes, los inspecciona individualmente, evalúa su estado de salud mediante sistemas de diagnóstico automatizado —necesarios porque cada batería llega con un nivel de degradación y una química distinta, según el modelo de auto del que provino— y los integra en sistemas BESS destinados a edificios, industrias, hospitales o redes aisladas. Entre sus socios proveedores de baterías retiradas figura Mercedes-Benz Energy, que garantiza un flujo constante de unidades de autos al final de su vida útil.

Una planta certificada y pensada para la demanda de la inteligencia artificial

La Megafactory 1 obtuvo la certificación UL 1974, un estándar de seguridad específico para el reacondicionamiento de baterías usadas que muy pocas plantas en el mundo poseen. Cumplir con ese estándar exigió decisiones de diseño concretas: sistemas de extinción de incendios reforzados, elementos estructurales adicionales y áreas de contención especializadas para manipular packs con distintos niveles de degradación.

La compañía proyecta alcanzar una capacidad de 1 GWh hacia 2030 y la creación de más de 100 empleos directos especializados en ingeniería, control de calidad, logística y operaciones técnicas, además de un número estimado de más de 1.000 puestos indirectos en la provincia de Columbia Británica durante los primeros cinco años de funcionamiento. Edward Chiang, cofundador y CEO de Moment Energy, vinculó la inversión a una necesidad de infraestructura más amplia: la demanda eléctrica está creciendo a un ritmo que la generación tradicional y la fabricación de baterías nuevas no logran acompañar, particularmente por el consumo de los centros de datos dedicados a inteligencia artificial.

Ese cruce —electrificación del transporte, auge de los centros de datos y necesidad de almacenamiento rápido de desplegar— es la apuesta central del negocio. Construir una planta de baterías nuevas desde cero implica plazos de varios años y una demanda creciente de litio, níquel y cobalto vírgenes. Reacondicionar baterías que ya circulan por las rutas de Norteamérica, en cambio, permite ofrecer capacidad de almacenamiento en una fracción de ese tiempo, con una cadena de suministro que la propia empresa describe como íntegramente norteamericana, sin depender de insumos importados desde Asia.

Qué significa para la cadena de valor del litio

El fenómeno tiene una lectura adicional para países productores de litio, como Argentina, donde la conversación suele concentrarse en la extracción y el procesamiento primario del mineral. La expansión de la segunda vida de baterías introduce una variable distinta: cuanto más tiempo permanezca un pack de litio en uso —primero en un auto, después en un sistema estacionario— antes de llegar al reciclaje, más se extiende el ciclo de vida útil de cada tonelada de carbonato de litio equivalente extraída. Es, en los hechos, una forma de economía circular que compite, en el margen, con la demanda de litio nuevo para fabricar baterías desde cero.

Para la industria del almacenamiento energético en general, el caso de Moment Energy también marca un antecedente de velocidad de ejecución poco habitual: pasar de un anuncio a una planta operativa certificada en seis semanas es un plazo que contrasta fuertemente con los cronogramas típicos de la construcción de infraestructura energética, que suelen medirse en años antes de la primera puesta en marcha. La pregunta que queda abierta es si ese ritmo es replicable a otra escala, o si responde a las condiciones específicas —financiamiento ya disponible, certificación previa, ubicación con marco regulatorio favorable— de un caso particular en Columbia Británica.